Ventajas e inconvenientes de invertir en mercados emergentes

Las economías emergentes han sido el centro de atención de inversores internacionales en los últimos años. En una economía global como la actual, los inversores buscan mercados que ofrezcan mayores rentabilidades que las economía desarrolladas. BRICS, MINT o CIVETS son términos que se emplean frecuentemente para agrupar a aquellos países con mejores perspectivas de crecimiento para los próximos veinte años.  

Businessmen Shaking Hands And Blue Cartography

Hasta hace poco, el riesgo de invertir en un mercado sobre el que apenas existían datos para valorar la posible evolución de su economía era motivo suficiente para no considerarlo. Desde finales de los años 90, países como China han demostrado que pueden mantener un alto crecimiento continuado, lo que aporta seguridad para el inversor. El riesgo sigue siendo alto por la volatilidad de estos mercados, aunque ya muchos analistas han conseguido anticipar la evolución de grandes bloques económicos.  

 

  Aunque hay diferentes definiciones para que un país sea considerado como una economía emergente, consideramos que las características más importantes que deben reunir son:

  • Tamaño y estructura demográfica joven. El tamaño es un factor importante a tener en cuenta cuando se valora una economía emergente. El bloque de los BRICS, por ejemplo, está compuesto por dos de los países con mayor población mundial, China e India. Lo que interesa en estos países es que crezca la demanda interna con el objetivo de crear un gran mercado de consumo que empuje el PIB a rendimientos elevados durante muchos años. Las estimaciones de crecimiento para este bloque de países durante los próximos veinte años es de un 4,9% de promedio anual, frente al 1,8 de las economías desarrolladas.
  • Condiciones políticas adecuadas. La estabilidad política y la búsqueda de una apertura a los mercados internacionales puede ser un elemento diferenciador entre economías en vías de desarrollo y economías emergentes. Como ejemplo, China ha impulsado una apertura muy importante para convertir su economía basada en un modelo comunista. Otro caso más reciente es Nigeria, que se ha convertido en la primera economía africana, o la India, que busca un cambio de política que castigue la corrupción política, uno de los mayores problemas en estos países.
  • Alto crecimiento sostenido. Para considerar un país en vías de desarrollo como emergente ha de demostrar una continuidad temporal en su crecimiento. Últimamente, Brasil ha sido puesto en duda como economía emergente por los analistas internacionales a causa de un estancamiento en su crecimiento, al igual que Turquía, aunque el potencial de crecimiento de ambos países es considerable, lo que les hace mantener buenas posiciones en las perspectivas de crecimiento.
  • Recursos naturales. Otro de los factores que se tiene mucho en cuenta a la hora de analizar este tipo de economías son sus reservas naturales. El caso de los BRICS es especialmente significativo si atendemos a este criterio. Rusia cuenta con importantes reservas de gas natural, así como Brasil, que también dispone de extensas zonas vírgenes por explotar.

Además de estas características, las economías emergentes ofrecen al inversor una ventaja muy importante: la diversificación en su cartera de inversiones. Es una característica muy valorada el hecho de que estas economías no presenten una correlación con la evolución de los países más desarrollados. Este hecho hace que, en momentos de recesión mundial como el que vivimos, los países emergentes continúen con una tendencia positiva en su crecimiento. De esta forma, los países desarrollados pueden trasladar parte de su capital a invertir en economías emergentes y mantener unos rendimientos aceptables en sus carteras y, lo que es más importante, reducir el riesgo total de sus inversiones. Por otro lado, se enfrentan a riesgos más elevados que en las economías desarrolladas. Factores como la elevada inflación, en muchos casos incontrolada, la inestabilidad política, la inseguridad legal o la creciente dependencia de la política monetaria de Estados Unidos puede provocar una rápida fuga de divisas que puede poner en peligro las inversiones necesarias para llevar a cabo las infraestructuras necesarias para que puedan converger con las primeras economías.