Un mercado llamado Mundo: países emergentes, grandes oportunidades

Un mercado llamado Mundo países emergentes grandes oportunidades

Los países emergentes son un tradicional punto de mira para ampliar mercados. No sólo por su crecimiento, tamaño y demografía, sino por su potencial como grandes potencias mundiales en un futuro no lejano. Sus diferencias no impiden que compartan un mismo destino: de todas ellas se espera que sigan ganando peso dentro de la economía mundial. Países emergentes hay un buen número, pero China e India y, en general, los países denominados BRIC (Brasil, Rusia, India y China) concentran el interés de las inversores, así como de las empresas que buscan mercados interesantes en los que introducirse. Suman una importante parte de la población mundial y, gracias al desarrollo que experimentan, constituyen un mercado con un potencial de consumo creciente sin parangón.

La explosión de las clases medias y el avance en la construcción de infraestructuras son puntos a favor para la inversión y la expansión internacional, si bien los países emergentes tienen sus peculiaridades y no pueden englobarse bajo un mismo denominador. Ni a nivel cultural ni en cuanto a trabas fiscales y obstáculos burocráticos en general, como tampoco pueden equipararse países con desarrollo económico imparable como China o India frente a otros gigantes que permanencen estancados, y en este punto cabe señalar a Brasil. Esas diferencias son las que pueden resultar decisivas de cara a decidir una inversión. Más allá de factores tradicionalmente considerados importantes, como la estabilidad social y política o las previsiones de crecimiento, los patrones de consumo de estos países pueden beneficiar a determinadas industrias. Por ejemplo, el aumento de la renta per cápita se traducirá en una mayor demanda de servicios y bienes, como zapatos, automóviles o determinados productos alimentarios.

Oportunidades para grandes y pequeñas empresas

El incremento de la demanda suele concentrarse en el consumo de determinados productos a consecuencia de ese aumento de la capacidad adquisitiva, lo que pude representar una gran oportunidad para determinadas corporaciones, independientemente de su tamaño. No en vano, las pymes pueden tener ventajas competitivas y demostrar la agilidad necesaria para tener éxito en su penetración en estos países mediante la exportación u otras fórmulas de internacionalización. A su vez, el crecimiento superior en los mercados emergentes suponer una mayor necesidad de infraestructuras, que si por un lado ayudan a una mejor penetración en los mercados, por otra parte suponen una gran oportunidad para cubrirlas. En este sentido, en las economías emergentes aumentan las necesidades de inversión, y también nuevas formas de financiación, lo que a su vez puede significar pingües beneficios a través de inversiones en proyectos mixtos, en los que la inversión pública busque capitales privados. La  fuerza laboral y los niveles de educación de los países emergentes están mejorando, por lo que igualmente son una condición ventajosa más a tener en cuenta si buscamos establecernos en ellos con fábricas propias o socios con los que trabajar. De hecho, los lazos con empresas locales pueden ser beneficiosas en ambos sentidos. Y, en todo caso, sin necesidad de tener presencia física ni alianzas, los países emergentes se revelan como una interesante opción para la diversificación geográfica de nuestras exportaciones. No olvidemos, por último, que aunque en este entorno los riesgos son relativos, las regiones emergentes no siempre demuestran una apertura suficiente que ponga las cosas fáciles. En este punto, la presencia institucional en embajadas y oficinas comerciales puede brindarnos una gran ayuda para afrontar los retos que supone la internacionalización.