Turquía como economía emergente

Turquía como economía emergente

Turquía como economía emergente es una apuesta que vuelve a tomar fuerza, tras más de un año de caída libre. Los bajos precios del petróleo han perjudicado a algunos países, mientras que otros, que importan una parte considerable de su energía se pueden beneficiar, entre ellos tres países: Taiwán, India y Turquía. Esta rebaja en el precio del crudo ayudará a estas naciones a luchar contra uno de sus más acusados puntos débiles, la inflación. A la vez las nuevas circunstancias contribuirán a reducir los déficit en sus cuentas. Sin embargo, como en todas las áreas, los excesos no son buenos y, por eso, si la disminución de la inflación es excesiva puede conllevar efectos negativos, como ha sucedido en Turquía, forzada a cortar sus tasas de interés debido a que su escenario inflacionista alcanzaba cotas exageradas, llegando al 8,2%.  

 

Turquía como economía emergente: una nueva oportunidad

La economía de Turquía engordó con la inversión extranjera durante su auge hasta estancarse, tras muchas advertencias, que intentaban prevenir al país anunciando la insostenibilidad del modelo. Su adicción al capital extranjero hicieron Turquía como economía emergente un paraíso demasiado vulnerable. El riesgo de volatilidad se convirtió en realidad tras una etapa de crecimiento del PIB de un cinco y medio por ciento de media por año, algo que llenó al país de expectativas e plena etapa de recuperación de la crisis financiera mundial. Los inversores buscaban rentabilidad y Turquía les correspondía con un nivel de crédito a precio de rebajas. Durante años, el país disfrutó del auge de la llegada de capital extranjero, un fenómeno con algunas consecuencias que ya hacían presagiar la catástrofe:

  • El aumento desorbitado de los precios inmobiliarios, que se dispararon aumentando en más de un 50% en un periodo inferior a un lustro.
  • El incremento también del PIB del país y el ingreso per cápita, que se triplicó desde el año 2003.

Sin embargo, las acciones de Gobiernos de otros países, en especial Estados Unidos en su política financiera, provocaron que, al aumentar la seguridad en las economías locales, los inversionistas comenzasen a retirar su dinero de los mercados emergentes. El crecimiento de Turquía se redujo a poco más de 2% en 2013 y la moneda del país, la lira, cayó aún más en enero del año siguiente. El banco central de Turquía se vio obligado a aumentar sus tasas de interés del 7,7% al 12%, una medida controvertida por perjudicar directamente al crecimiento interno. El escenario, hasta el inicio de la crisis del petróleo era, poco menos, que desolador:

  • Una alta inflación, que perjudica al país y afecta directamente a los consumidores.
  • Bajas tasas de empleo.
  • Aumento de los niveles de pobreza.

Tras la caída de los precios del petróleo el país parece tener una salida a la incertidumbre. La idea de Turquía como economía emergente toma fuerza de nuevo y permite a los inversores más arriesgados centrarse en sus ventajas:

  • Posición geográfica estratégica, haciendo de puente entre Asia y Europa.
  • Pertenencia a la OTAN.
  • Candidatura de adhesión a la Unión Europea.

Sin embargo, no hay que olvidar que el malestar y la inestabilidad ya han costado al país millones, como se refleja en las pérdidas en su mercado de valores, que llevará un tiempo todavía remontar y que ponen en entredicho las predicciones más favorables hacia Turquía como economía emergente.