¿Los mercados financieros premian la avaricia?

Los mercados financieros premian la avaricia

El ser humano puede actuar desde su esencia (autenticidad) o desde el ego. En el plano financiero, las acciones que están motivadas por la avaricia están vinculadas con el egoísmo. Pero, además, esta visión va más allá de esta emoción para enlazar con otras. Por ejemplo, la impaciencia. Las decisiones más importantes de la vida no están tomadas por la urgencia de la prisa sino por la moderación que invita a la prudencia. Lo mismo ocurre en el mercado.

 

El efecto de la codicia

Una persona puede tener distintas razones para dar el paso de invertir. Sin embargo, una de las peores justificaciones es la avaricia porque es muy probable que los efectos de este impulso inicial no respondan a las expectativas previas de la recompensa inmediata.

Uno de los libros que puede servirte de inspiración para reflexionar sobre esta temática es “Codicia Financiera” escrito por Eduardo Olider. Uno de los hilos argumentales de esta obra gira en torno a cómo este anhelo ha producido consecuencias preocupantes en los mercados. El autor hace alusiones constantes a la voz de expertos en la materia.

Aristóteles expresa que la virtud moral es aquella que determina el camino del bien y se encuentra en el justo término medio. Un equilibrio que se rompe totalmente desde la acción de la avaricia y que en el plano financiero también tiene su reflejo.

 

 

Desde el punto de vista de la toma de decisiones, razón y emociones ofrecen información interesante al ser humano cuando se encuentra en un momento en el que quiere deliberar sobre una cuestión que le afecta como protagonista. En el mercado financiero y en cualquier plano de la vida en general, ocurre que ante la intensidad de una emoción, es más difícil escuchar el mensaje racional con nitidez. Alguien corre el riesgo de tomar decisiones drásticas que luego producen el efecto del arrepentimiento por su contexto.

El conocimiento racional es todavía más importante para quien se posiciona ante el mercado desde el entendimiento de las reglas que describen su funcionamiento sistémico. Y esta profundización en el estado de las cosas no depende de la avaricia sino de la información y la experiencia.

La búsqueda de oportunidades no tiene nada que ver con este deseo para el que no existe un límite cuantitativo. La avaricia siempre invita a ir un paso más allá, por el contrario, la prudencia de la moderación incrementa la reflexión consciente en torno al plan de acción previsto.

El juego psicológico del ego

Aunque los mercados financieros no premian la avaricia, sí pueden alimentar esta vulnerabilidad en el ser humano que entra en el círculo de este deseo que se torna caprichoso. Es decir, la persona puede ser víctima de esta disposición del ego. Por ello, es posible establecer una relación entre la psicología y las finanzas a partir de este hilo conductor.

¿Los mercados financieros premian la avaricia? En conclusión, conviene matizar que no la recompensan de manera literal. Aunque sí es posible caer en este juego psicológico de querer lograr más y más.

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