La internacionalización para la supervivencia y el éxito de la empresa

Internacionalizar la empresa de forma profesional, con un proyecto de futuro en el que se implica toda la empresa, se invierte lo necesario y, en suma, se sigue una estrategia de internacionalización planificada,  persigue consolidar el negocio no sólo en los mercados exteriores, sino a todos los niveles.

Internacionalizacion para el exito de la empresa

Trabajar por un éxito a corto plazo pero efímero, el que obtienen tantas empresas que realizan una actividad exportadora irregular basada en las ventas, sin más, es justo lo que busca conjurar el esfuerzo diario bien dirigido que se orienta a ganar en competitividad en el difícil mercado exterior, un entorno hostil que, sin embargo, guarda grandes oportunidades para los más preparados. Esa puesta en forma necesaria para competir afuera, por otro lado, ayuda a la marcha de la empresa para afrontar posibles dificultades. A su vez, un crecimiento internacional regular puede traer grandes resultados que ayuden a asentar el negocio y, en algunos casos, a compensar la caída de la demanda interna por la crisis económica. Se trata, en suma, de una estrategia de supervivencia a largo plazo, que inyecta vitalidad a la empresa y la hace menos vulnerable a las fluctuaciones del mercado interno.

Sin embargo, una cosa muy distinta sería recurrir a la exportación como táctica para una supervivencia a corto plazo que, pensamos, con suerte, además nos lleve al éxito. Nos haremos un flaco favor incluso si hay ventas, pues se requiere un plan de exportación que implica una importante inversión de dinero, además de una formación y especialización que logre sustentar el proyecto sobre cimientos sólidos. 

Comercio exterior, fuente de riqueza

Además de fortalecer a la empresa, la incursión en los mercados internacionales puede derivar en un aprovechamiento de actividades de I+D, en una mayor innovación y, en suma, en una apertura y flexibilidad mentales. O, por ejemplo, en una especialización en el trato al cliente, entre otras mejoras que suponen un valor añadido por la autoexigencia y, en realidad, necesidad de ser más competitivos para desenvolverse en el exterior. Igualmente, una presencia exterior exitosa atraerá más oportunidades de negocio, independientemente del resultado y, de cara al cliente,  la organización se percibirá como más eficiente por el simple hecho de ser una marca internacionalizada. No en vano, tener éxito afuera es una señal de que las cosas se hacen bien. Por otro lado, si bien la internacionalización conlleva riesgos, también es cierto que la misma actividad dentro y fuera de las fronteras, -y con mayor motivo si se extiende a distintos países-, constituye también una beneficiosa fuente de riqueza a la par que una estrategia de diversificación.

Las ventajas en este sentido pueden ser muchas, y de ellas podría sacarse un gran partido en momentos críticos y también ser útiles para lograr un mayor crecimiento: desde el valor añadido que supone la creación de un fuerte departamento de exportación que aporta riqueza a la empresa sin dejar de operar en el mercado interno, las diferentes divisas y fuentes de financiación hasta, por ejemplo, la implantación en el país o países de destino con los recursos propios o mediante alianzas.