La economía emergente de américa latina: pros y contras

La economía emergente de américa latina: pros y contras

La economía emergente de América Latina merece ser analizada aparte por su especial configuración. La diversidad y heterogeneidad de los países así clasificados, que comparten esta ubicación en el Globo, complica la toma de decisiones de inversores y estudiosos que tratan de pronosticar qué deparará el futuro a esta inmensa, no sólo en extensión, sino también en riqueza de recursos naturales, área del continente americano. Según datos recientemente publicados por el MSCI en su Índice de mercados de la economía emergente de América Latina, los países con mayor peso serían los cinco siguientes:

  • Brasil, con un 53,8%.
  • México, con un 29,89%.
  • Chile, con un 8,66%.
  • Colombia, con un 4,88%.
  • Y Perú, con un 2,77%.

Y los sectores con mayores posibilidades: el financiero, el de productos básicos de consumo, materiales, servicios de telecomunicación y energía, entre otros. Actividades y destinos pueden parecer claros pero, ¿cuáles son sus puntos fuertes y cuáles su debilidades? ¿Cuáles son sus pros y contras?  

La economía emergente de América Latina: fortalezas y debilidades

Los puntos fuertes más importantes de la economía emergente de América Latina son:

  • Sus recursos naturales.
  • Sus posibilidades demográficas.
  • Su potencial de crecimiento.

Examinando cada país de forma independiente, se puede adquirir una visión más completa de lo que pueden aportar al inversor, aportando una perspectiva más realista de las oportunidades reales que existen en las diferentes naciones. Sin embargo, respecto a las debilidades, hay tres que afectan casi por igual a la economía emergente de América Latina. Son las siguientes:

  • La inestabilidad social: causada por los elevados índices de pobreza y delincuencia, la tenencia de armas, el desempleo y un descontento generalizado con las políticas de Gobierno. Una falta de equilibrio que puede empeorar con la introducción del capital extranjero y las novedades que incorpora.
  • Un clima político enrarecido: pese a que los sistemas de Gobierno no son iguales en todos estos países, sí que pesan sobre todos ellos la falta de transparencia y las decisiones poco acertadas, que en ocasiones, en vez de encauzar el futuro de la nación, lo hunden un poco más.
  • Políticas financieras poco favorables: en este sentido se podría dividir a los países latinoamericanos en tres grupos. El primero, donde se incluirían países como México y Uruguay, donde hay pocas regulaciones monetarias, y los inversores pueden disfrutar de gran fluidez en sus movimientos de divisas. El segundo, donde se encuadrarían lugares como Brasil y Colombia, destinos en los que los movimientos de divisas a se regulan través de cualquiera de los controles de los bancos centrales o los mercados de cambio, y donde es frecuente que las políticas de cambio de divisas se utilicen para regular tanto la presión inflacionaria como saldos de exportación / importación o la evasión fiscal; un escenario que obliga a los inversores a estar siempre pendientes de las nuevas reglas de divisas que podrían afectar a sus inversiones. Y el último grupo de países, que incluye a Venezuela y Argentina, y donde sus políticas financieras generan grandes riesgos para los inversores que no están profundamente familiarizado con las técnicas locales para la repatriación de capital.