El PIB como indicador de crecimiento económico

Uno de los principales indicadores estadísticos empleados para medir la evolución económica de un país es el Producto Interior Bruto (PIB). En el análisis macroeconómico de cualquier Estado, la interpretación de este valor es fundamental para conocer el grado de desarrollo económico y sus tendencias, aunque también tiene una serie de inconvenientes que debemos tener en cuenta antes de sacar conclusiones en nuestros estudios.  

principales indicadores economicos

Por eso, para saber si una economía está en fase de crecimiento y este se está traduciendo en una mejora del bienestar de la población y, por lo tanto, de una mejora real de su mercado interior, será importante atender a otras variables que tengan en cuenta el reparto de la renta en la población, el grado de evolución de la industria, los recursos naturales, o los indicadores relacionados con el la estabilidad financiera del país objeto del estudio. En este post nuestro objetivo es valorar si el PIB es el medidor adecuado para interpretar la situación económica de un país. En base a este objetivo tenemos que ir al origen del concepto PIB y su uso en la contabilidad nacional.

Definimos el PIB como un indicador que "mide el valor de los bienes finales producidos en un país" y se utiliza desde los años 30 como indicador de crecimiento y bienestar de un país. Se reconoce al premio nobel de economía Simon Kutznets como el creador de este indicador. Incluyó este término junto a otros conceptos económicos en la creación de las cuentas nacionales americanas, que posteriormente se trasladaron al resto de países. Pero ya desde sus comienzos, fue muy crítico con la utilización de este valor, concretamente con el PIB per cápita para "deducir el bienestar de una nación". Kutznets redactó estas palabras en un informe para el congreso de Estados Unidos, en 1932, y se recogen en un interesante artículo titulado "If theGDP is Up, Why is America Down?" y escrito por Clifford Cobb, Ted Halstead, y Jonathan Rowe, publicado en el diario The Atlantic, en 1995 (http://www.theatlantic.com/past/politics/ecbig/gdp.htm). Ante la impasividad de los políticos para adoptar nuevos indicadores del bienestar de un Estado, años más tarde, Kutznets insistió en una publicación en The New Republic en que la formulación de la contabilidad nacional debería reformularse, pues "las diferencias deben tenerse en cuenta entre la cantidad y la calidad del crecimiento, entre sus costes y su rentabilidad, y entre el corto y el largo plazo". Lo cierto es que la información que recoge el PIB está orientada a un agregado de productos y servicios heterogéneos y tiene un enfoque más bien cuantitativo. Por lo tanto, no sería muy correcto utilizar este valor para medir la calidad de vida y su evolución en un período de tiempo. Al aplicar este concepto en economías en vías de desarrollo en las que el PIB no recoge la producción de bienes en entornos familiares, que suponen un alto porcentaje de la economía real, si se utilizan políticas encaminadas a fomentar el crecimiento del PIB se estará perjudicando el bienestar de la mayoría de la población. Han pasado muchos años desde estas primeras propuestas para valorar el crecimiento económico de un país y todavía se dejan de lado indicadores que midan el coste social o medioambiental en un proceso de industrialización, por poner un ejemplo. Otros autores, como Constanza, sugieren una serie de encuestas que aporten una valoración subjetiva sobre el bienestar, y otros indicadores que tengan componentes como el acceso y calidad de la vivienda, esperanza de vida, horas dedicadas al ocio y otros valores.