Economías emergentes en países subdesarrollados

Las economías emergentes en países subdesarrollados están cambiando, se transforman, evolucionan, se estancan y, mientras todo esto sucede, la forma en que son contempladas por los inversores también varía. Primero fueron las dudas, luego el entusiasmo, después el júbilo y, hoy día, las posiciones se han moderado bastante. Uno de los motivos es el paso del tiempo. Tras más de una década teniendo a las economías emergentes en países subdesarrollados en el punto de mira se ha encontrado un equilibrio: la desconfianza inicial ha dejado paso a un modo de interpretar la realidad mucho más práctico, una forma de ver qué es lo que realmente podría hacerlas mejores y más fuertes.

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Economías emergentes en países subdesarrollados: una de sus principales debilidades

Cada caso es distinto y no se puede generalizar al hablar de economías emergentes en países subdesarrollados. No es lo mismo plantearse una inversión en la India que en México, Brasil o Angola. Sin embargo, hay una debilidad que prácticamente todas estas naciones comparten, una carencia que BRICs, MINTs y CIVETS presentan por igual: se trata de la baja cualificación de su mano de obra, en términos generales. Los altos niveles de inversión en capital humano, acompañados de sistemas educativos fuertes son el principal motor del crecimiento económico de muchas de las principales potencias y un factor crítico de su éxito. Los Gobiernos saben que su fuerza laboral tiene que estar preparada para el futuro y esto implica la aprobación de políticas relacionadas con:

  • La innovación.
  • El desarrollo de oportunidades.
  • La capacitación laboral.

Sólo así se puede evitar un creciente desfase de necesidades entre cualificaciones y realidad. Confiar en el capital físico no basta, y nunca sería contemplado en un modelo occidental. Entonces, ¿por qué hasta ahora parecía una buena opción (o una alternativa suficiente) en las economías emergentes en países subdesarrollados? Precisamente ése es uno de los elementos que marcan la diferencia en mayor medida entre estos mercados de alto crecimiento y los más desarrollados. Mientras en estos últimos las habilidades no pueden suponer una brecha, y se hace todo lo posible por evitarlo; en aquéllos:

  • Se dependía de mano de obra barata para alimentar sus economías orientadas a la exportación.
  • No se requerían trabajadores capaces de ocuparse de actividades intensivas en talento.

Este escenario, según datos de la Encuesta de Escasez de Talento de Manpower Group, impidió ocupar el 45% de vacantes en la región Asia - Pacífico, el 61% en India y el 68% en Brasil. Pero su modelo económico está cambiando y, como consecuencia, tienen que moverse rápidamente en la cadena de valor. Por eso, en vez de interpretar la escasez de capital humano como una debilidad, puede entenderse como una gran oportunidad para el crecimiento económico si se saben transformar a tiempo en fuentes de talento, y ponen los medios necesarios para hacer crecer en este sentido a una población mayoritariamente joven y con hambre de progreso profesional. En ese camino, las economías emergentes en países subdesarrollados deberán luchar contra:

  • Unos sistemas educativos débiles.
  • La velocidad con que se producen los cambios, especialmente dado el clima tecnológico actual, que dificultan sobremanera la actualización.
  • El riesgo de quedar atrapadas en la dependencia a instituciones y organismos privados en esta carrera por la capacitación.