Cómo elaborar un plan de acción para iniciar la internacionalización

Como elaborar un plan de accion para iniciar la internacionalizacion

Lanzarse a la aventura de la internacionalización conlleva importantes riesgos que hemos de minimizar en la medida de lo posible, pues en un entorno global el escenario obliga a pensar de forma estratégica y, en suma, a comprometer y optimizar recursos dentro de un plan de actuación elaborado de un modo inteligente. En efecto, la exigencia de una transformación profunda en el enfoque obliga a modificar procedimientos y a mejorar en competitividad, lo que supone un cambio que va más allá de la mera exportación. No se trata tanto de ser grande para poder salir al mercado sino de conocer y potenciar nuestras ventajas competitivas para explotarlas dentro de un plan de acción acorde con ellas.

La planificación ayuda a aprovechar las ventajas que nos ofrecen los diferentes factores involucrados en la actividad de comercio exterior, tanto a nivel operativo como logístico o, por ejemplo, relacionado con las características del mercado de destino. Por lo tanto, será necesario elaborar un diagnóstico previo que nos permita evaluar el potencial de internacionalización de nuestra empresa. Elaborar un plan de accción para iniciarla exige el estudio interno de la organización, así como del entorno global, de los mercados candidatos a la penetración, sin olvidar la importancia de encontrar el modo más idóneo para el acceso a corto, medio y largo plazo.

La importancia de elaborar un plan de acción factible

La elaboración del plan de acción, por lo tanto, será el resultado de una serie de exámenes internos que nos indiquen cuál será el objetivo, nuestro verdadero potencial para conseguir objetivos fuera del mercado local y los recursos de los que disponemos realmente. A partir de este diagnóstico, llega el momento de elaborar una plan que nos señale los pasos concretos que vamos a ir dando durante el proceso, de forma progresiva, pues la internacionalización es un camino de largo recorrido lleno de obstáculos y riesgos pero también con grandes recompensas. Una vez realizado el análisis interno, pasaremos a elaborar un plan de acción realista, teniendo en cuenta los puntos débiles, nuestras ventajas y cómo podemos aumentar nuestros recursos. El proceso para su elaboración seguirá una serie de pautas, como las siguientes:

  • Evaluación de las capacidades internas: conocer nuestras ventajas competitivas, recursos humanos y económicos, posibilidad de ayudas y subvenciones, mercados prometedores y otros elementos que nos permitan crecer.
  • Evaluación estratégica: establecemos grandes o pequeños objetivos estratégicos eligiendo las opciones más ventajosas de penetración en función del diagnóstico anterior, es decir, siempre en función de nuestras posibilidades. Ser prudente y realista no está reñido con ser positivo y estar motivado.
  • Mejora continua: iniciar un plan de acción no significa tanto avanzar en el exterior como mejorar esos puntos débiles que hemos detectado al evaluar nuestras capacidades internas. Unos ajustes precios y, en su caso, un primer plan de exportación puede evolucionar con el tiempo a otras fórmulas como el joint ventures o alianzas estratégicas con terceros para finalmente incluso llegar a establecernos en el país de destino.

En definitiva, el mejor plan de acción será el que más se ajuste a la realidad y necesidades de la empresa. Cada organización debe trazarse un camino propio. Por muy variados que sean los casos de éxito, todos ellos tienen en común esa adaptación del plan de acción a sus circunstancias y recursos.