Brasil como economía emergente

Brasil como economía emergente es un planteamiento que todavía se sostiene. El país aún no está en modo de crisis absoluta, al menos no del mismo modo que otros países de América Latina padecen; quizás por no tener esa propensión aunque, de cara a los inversores, el nivel de riesgo se acerca a extremos intolerables. No obstante, la realidad alimenta la incertidumbre cuando se conoce que el crecimiento se ha desacelerado llegando a un estancamiento virtual, la inflación está subiendo de nuevo hacia cifras de dos dígitos y la inversión se ha desplomado. Con este panorama parece más oportuno dirigir la vista hacia otros mercados y, sin embargo, cada vez más voces sostienen que no está todo perdido.

A pesar de que las debilidades el país Latinoamericano han quedado expuestas como nunca antes, puede ser el momento para transformar los retos en oportunidades y comenzar a poner soluciones que devuelvan la confianza a los inversores. Pero es necesario un gran esfuerzo interno.  

Brasil economía emergentes

Créditos fotográficos: istock mjbs

Brasil como economía emergente: una trayectoria inesperada

Han transcurrido ya más de diez años desde que Goldman Sachs hizo famoso el acrónimo de BRICs (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) en un intento de entusiasmar a los inversores occidentales cansados de más de lo mismo y de optimismos vacío. Su argumento dejaba claro que las economías avanzadas habían tenido su oportunidad y que llegaba el momento de países con potencial, como Brasil como economía emergente. Naciones con posibilidades y recursos para ponerse al día con el mundo desarrollado, proporcionando oportunidades de crecimiento y de inversión abundantes. Durante un tiempo, todo parecía funcionar como se pronosticó. Estos países pudieron, incluso, resistir al inicio de la crisis financiera en Occidente pero, últimamente, los BRIC han mostrado signos de estancamiento, excepto, quizás, en el caso de la India. De hecho, Brasil como economía emergente estaba ya en el buen camino para crecer, desarrollándose fuera de su posición en este grupo, y con muchas perspectivas de convertirse en una potencia con poco que envidiar a otras economías más consolidadas. Su potencial energético y sus recursos naturales eran la baza más importante, pero es el aspecto que hoy se revela como arma de doble filo, tras la crisis del petróleo. A este inconveniente hay que sumarle otros, ya conocidos, como:

  • Un clima cambiante para los negocios: falta de transparencia, normativa poco consistente y difícil de comprender, sistema impositivo inestable, dificultades para la obtención de licencias de negocio y falta de claridad en cuanto a la normativa sobre propiedad.
  • Altos índices de criminalidad: con una de las tasas más altas del mundo, muy relacionada con el comercio ilegal de droga.
  • Pobreza: y desigualdad, enraizada en una sociedad con profundas divisiones entre ricos y pobres.
  • Deficiente infraestructura: la mayoría de las rutas de Brasil carecen de pavimento y muchos pueblos del interior son accesibles sólo por barco o a pie, lo que limita el acceso de la población a los mercados.

No obstante, todavía hay esperanza. Si se saben gestionar bien los recursos disponibles (minerales, naturales y de agua duce) y se hace un esfuerzo por reducir la inestabilidad social, Brasil puede tomar, de nuevo, las riendas de su futuro. Apostar por los biocombustibles y darle una oportunidad a la industria de las energías solar y eólica parecen la estrategia más adecuada a seguir.