Prepárate para tomar decisiones difíciles

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La toma de decisiones es una de las prácticas más habituales de todo emprendedor. Desde antes de poner en marcha tu negocio debes comenzar a tomar decisiones, unas más difíciles que otras. Desde qué tipo de negocio vas a emprender, dónde se va a ubicar o cómo se llamará hasta aspectos más cruciales relacionados con la forma de financiación o la resolución de conflictos.

A diario, desde que te levantas hasta que te acuestas, tienes que seleccionar entre varias opciones y decidir qué ropa ponerte, qué comer, qué ruta es la más rápida o qué hacer tras salir del trabajo. Sin embargo, a pesar de ser una acción rutinaria, muchas personas encuentran grandes dificultades para seleccionar una opción, especialmente cuando se trata de cuestiones difíciles o importantes, que implican un riesgo o un cambio significativo.

El miedo a equivocarse, a no tomar la decisión correcta o hacer el ridículo y  las inseguridades y falta de confianza en uno mismo, son los principales motivos por los que las personas evitan, a toda costa, enfrentarte a este tipo de circunstancia. Sin embargo, no siempre es posible posponer estas decisiones. Tarde o temprano habrá que enfrentarse a ella. Por fortuna, la toma de decisiones es una habilidad que se puede entrenar, como todas las demás. Cuanto más se practique, más fácil resulta enfrentarse a ella y tomar decisiones acertadas.  

Fases para tomar decisiones difíciles

Son muchas las actividades que puedes ejercitar para aprender a tomar decisiones acertadas y evitar aquellos síntomas de estrés que puedan interponerse en este proceso, como sesiones de coaching o yoga, para manejar las situaciones de estrés. Sin embargo el entrenamiento es la forma más eficaz de dominar esta técnica. Acertar o no en tus decisiones depende de muchos factores, algunos de ellos ajenos a tu voluntad. No obstante, existen diferentes estrategias que puedes poner en marcha para dominar el complejo arte de tomar decisiones difíciles y acertar.

  1. Tener claro el objetivo. Ten claro cuál es el fin u objetivo que se quiere alcanzar con tu decisión. No es lo mismo realizar una inversión con el fin de crecer que con el propósito de sobrevivir. Las circunstancias y necesidades no son las mismas.
  2. Analizar las opciones. Identifica cuáles son todas las opciones que tienes y averigua todo sobre ellas, sus características, condiciones y sus posibles ventajas e inconvenientes.
  3. Valorar los riesgos. Es uno de los aspectos clave en la toma de decisiones. Debes analizar y valorar los riesgos y buscar alternativas. De esta forma minimizas los riesgos y sus posibles consecuencias.
  4. Pedir consejo o asesoramiento. En especial cuando se trata de temas que no dominas, cuando el riesgo a asumir es elevado o cuando puede suponer un drástico cambio en tu organización. Pedir la opinión de tu equipo de trabajo o asesoramiento a expertos, puede suponer la diferencia entre tomar la decisión correcta o no.
  5. No tener miedo a equivocarte. El miedo a equivocarse puede bloquear tu capacidad para analizar de forma coherente la situación y valorar objetivamente tus opciones. Es fundamental no experimentar una decisión equivocada como un fracaso, especialmente cuando has tenido en cuenta los criterios anteriores.