Los conflictos familiares ante la internacionalización y cómo solventarlos

  8. Los conflictos familares

La mezcla de negocio y familia no siempre es aconsejable, pero muchas veces resulta inevitable. Cada miembro de la familia tiene una visión diferente de cómo se debe dirigir el negocio y cuál es la decisión más acertada, en función tanto de su experiencia previa como de sus propios intereses y expectativas. Así, en muchas ocasiones se producen tensiones difíciles de solventar, mucho más pronunciadas cuando se trata de tomar decisiones arriesgadas o cuando la disputa sucede entre dos generaciones de la misma familia. Nuevas generaciones, nuevas formas de hacer las cosas Las diferentes generaciones que ocupan puestos de dirección en la empresa familiar suelen tener visiones muy distintas de cómo se debe gestionar el negocio. Por un lado, la generación fundadora habrá tenido un enfoque muy claro hacia la consolidación de su posición en el mercado doméstico. Han tenido que construir el negocio desde los cimientos, demostrando su visión empresarial y su capacidad para crear una empresa estable y con beneficios. Por eso demuestran su sentido de la autoridad. Las nuevas generaciones, destinadas a suceder a las primeras, entran como una bocanada de aire fresco con nuevas ideas. Generalmente los hijos están más preparados de lo que lo estuvieron originalmente sus padres, pues han sido educados con vistas a tomar las riendas del negocio. En muchos casos tendrán incluso una mayor cultura y experiencia internacionales por haber estudiado en el extranjero, dominarán otros idiomas y verán el mundo como un lugar más pequeño. Ya no tienen que consolidar a la empresa, pero deben demostrar su valía, lo que les inducirá a afrontar riesgos y a experimentar deseos de asumir cambios. La internacionalización representa para ellos una oportunidad de innovar en la compañía, pero también un riesgo de que la visión estratégica que la hace competitiva se pierda en parte si el reemplazo no se realiza de forma adecuada.

 

Prevenir y solucionar los conflictos Sin duda, la mejor manera de que el conflicto no se produzca es una buena comunicación entre todos los miembros con poder decisorio dentro de la empresa familiar. Cierto grado de conflicto natural, fruto de visiones distintas, es necesario como parte de la dinámica de la empresa para conseguir que ésta avance y crezca. Sin embargo, habitualmente el conflicto más negativo surge cuando las cosas no están claras o alguno de los miembros no las entiende bien. Una puesta en común de las expectativas, motivaciones y tendencia al riesgo de cada uno permitirá obtener una imagen global de cuáles son las posibilidades reales de éxito en la conquista de los mercados externos sin que los conflictos destruyan la buena dinámica familiar. La empresa familiar es, al final, un equipo con los mismos valores y trabajando en el mismo objetivo, por lo que el equipo deberá moverse al ritmo del más lento de sus miembros. En muchas ocasiones las discordias parten de resentimientos emocionales heredados, que habrá que solucionar antes de afrontar un proyecto de esta magnitud. Si una situación conflictiva del pasado no ha sido resuelta correctamente, difícilmente se podrá afrontar una nueva empresa en común donde hará falta toda la energía, conocimiento y recursos de todos los miembros de la familia que forman parte de la empresa. Cuando el conflicto proviene de la confusión entre empresa y familia, donde los roles y las competencias no están muy clara sino que “todos hacen de todo”, será complicado solventarlo a no ser que se profesionalicen los puestos. Esto se hace asignando competencias concretas a cada rol, con su capacidad de decisión asociada a sus respectivos ámbitos. Si “todos opinan de todo” será casi imposible que una estrategia de internacionalización salga adelante, dado que requiere de un conocimiento profundo que solo los familiares implicados en el proyecto directamente podrán adquirir, por tanto solo ellos estarán capacitados para tomar decisiones en cuanto a cuánto invertir o qué iniciativas llevar a cabo. Negociar, negociar y negociar En cualquier caso, al igual que en otros asuntos, será necesario prepararse para una negociación constante que conduzca a que todos los miembros de la familia estén tranquilos con los acuerdos adoptados en materia de internacionalización. Separando las personas de los problemas se pueden encontrar soluciones de beneficio para todos. En caso de que no se vea posible una salida gratificante para ambas posiciones divergentes, se puede recurrir a la figura de un mediador, una persona ajena al conflicto familiar que aporte un punto de vista externo y que pueda proponer soluciones a medio camino entre las dos posturas en conflicto. Lo importante es avanzar, evitando los puntos muertos, los momentos en que no se toman decisiones ni hacia un lado ni hacia el otro porque el conflicto ha quedado estancado en una vía sin escape.

 

Fuente imagen: Flickr / Woodley Wonder Works