Las ventajas competitivas de una empresa familiar

La empresa familiar es un modelo de negocio de éxito, ideal para iniciar un proyecto empresarial con un gran potencial aunque, lógicamente, también tiene sus desventajas, si bien éstas suelen derivarse de sus ventajas, por lo que una adecuada gestión puede neutralizar sus inconvenientes.  

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  Confianza, flexibilidad, conducta ética, liderazgo, calidad, estabilidad y una mayor identificación con sus empresas son algunos de los principales puntos fuertes del modelo de empresa familiar, un signo distintivo que potencia su capacidad competitiva frente a la amenaza que suponen las grandes corporaciones. Sin embargo, convertir esas ventajas distintivas en motor del negocio implica también controlar los aspectos débiles, a menudo relacionados con esa dualidad empresa-familia, que tanto la beneficia, al mismo tiempo, la perjudica. En esencia, esos problemas que han de atacarse están  relacionados básicamente con la falta de profesionalización, los conflictos familiares, la carencia de una cultura del riesgo empresarial o, por ejemplo, con la habitual resistencia a planificar la sucesión.

 

Uso estratégico de las ventajas

Por contra, la parte positiva de estos mismos aspectos negativos puede constituir una serie de ventajas competitivas, como ocurre con ese aspecto conservador que lleva a las empresas familiares a no arriesgar, lo que se traduce en una mayor estabilidad, en un menor endeudamento y capacidad para hacer frente a situaciones difíciles. Puesto que ser conservadores puede representar un problema a largo plazo, esta ventaja puede convertirse en un obstáculo que impida el crecimiento o que lo ralentice, por lo que su uso estratégico será decisivo a la hora de realizar una gestión inteligente. El sistema de valores o cultura de empresa también es uno de sus signos distintivos, con grandes ventajas competitivas derivadas de la cohesión a lo largo de generaciones. Del mismo modo, la renovación de esos valores debe hacerlos correr paralelos a los procesos empresariales para así garantizar que no se pierda esa ventaja competitiva, en especial cuando se produce el relevo generacional. Esa fuerte cultura empresarial también se traduce en un especial orgullo por la calidad del producto o servicio, que a su vez actúa de motor, gracias también a su flexibilidad y trato personal, para mejorarlos como respuesta a las nuevas necesidades del mercado. Aún así, la falta de cultura de riesgo empresarial suele actuar de lastre a la hora de innovar. El liderazgo también pueden suponer una diferencia importante con respecto a otras empresas no familiares, en las que el gerente no tiene una influencia tan directa en el trato con clientes, empleados y proveedores. Un gerente con dotes de liderazgo será más creativo y ambicioso, lo que ayudará a la sostenibilidad de la empresa familiar y aumentará los rendimientos. Otras de sus ventajas competitivas están relacionadas con la obtención de un rendimiento superior gracias a una inversión en nichos muy definidos y, del mismo modo, se consigue una mayor productividad cuando la propiedad está concentrada en pocas manos, como es el caso de las empresas familiares. Aunque muchas de estas características no se encuentran en todas las empresas familiares y en términos comparativos existen notables diferencias, en general puede afirmarse que tienden a contar con ellas en mayor o menor grado y, sea como fuere, pueden trabajar en este sentido para potenciar todos estos aspectos hasta convertirlos en ventajas competitivas.