¿Es posible prevenir los conflictos en las empresas familiares?

Como su propio nombre indica, las empresas familiares son organizaciones a las que les acompaña la difícil dualidad empresa-familia, y ello implica una influencia positiva y negativa a la par, que aporta ventajas pero que también trae inconvenientes.

Así pues, la dimension familiar hace de ella un modelo de negocio diferente, y si bien empresa y familia son dos áreas complementarias cuya suma resulta enriquecedora, por otro lado esta peculiaridad también favorece la aparición de conflictos.

 

Conflictos en empresas familiares

Encontrar el punto de equilibrio entre ambos sistemas es la clave para evitar que la empresa familiar sea un terreno abonado para los conflictos, previniendo que la influencia familiar acabe siendo contraproducente por su natural tendencia a hacer primar sus criterios frente a los empresariales. Las relaciones conflictivas entre los miembros siempre será menor en una empresa familiar profesionalizada, y ese camino hacia la profesionalización significa, básicamente, lograr mejoras en organización, planificación, así como el establecimiento de normas y códigos de conducta mediante un protocolo familiar creado a partir de un amplio consenso.  

  

El protocolo familiar como preventivo

La compatibilidad entre familiar y empresa será más sencilla mediante la creación del protocolo, una eficaz herramienta para establecer normas que faciliten la convivencia y establecer un marco de actuación de referencia que resulte funcional y, ayude a una gestión más eficaz y consiga evitar conflictos. El doble objetivo del protocolo familiar es apoyar la estrategia empresarial y conseguir una gestión más sencilla sin dejar de satisfacer las demandas de los miembros de la familia. Su creación, sin embargo, está desaconsejada cuando en la empresa hay un clima hostil manifiesto, pues para su elaboración es necesario llegar a acuerdos sobre temas críticos, y hacerlo mediante el diálogo será inviable en climas enrarecidos. En estos casos más difíciles, la estrategia no ha de ser preventiva, sino más bien ir orientada a la resolución de conflictos, si fuera necesario recurriendo a profesionales o a figuras específicas como la mediación. Una vez se logre una relativa calma, sería el momento de elaborar un protocolo familiar.

Una cultura participativa

Los conflictos son inevitables en entornos de interacción humana. Forma parte de las relaciones entre las personas, y las empresas familiares son entornos proclives a la confrontación, y precisamente por ello cuando se abren canales de comunicación y finalmene hay unanimidad sobre los valores y reglas básicas, éstos se minimizan. Si bien el protocolo familiar supone dar un gran paso en la prevención de conflictos, no es la panacea, y en todo caso únicamente será eficaz con una adecuada implementación. Es en el día a día cuando se ha de trabajar para evitar que los conflictos se multipliquen. Una gestión de corte autoritario, sin ir más lejos, será una fuente de problemas, en especial cuando haya opiniones que difieren de la del líder. En estos casos, lejos de fomentar el conflicto, permitir la participación y la diferencia de opiniones y encauzarlos de forma provechosa evitará que éste crezca de forma peligrosa a través de canales de comunicación informales. Recurrir a puntos de vista independientes es otro modo de prevención de probada eficacia. Si por un lado conviene institucionalizar procesos mediante la creación de órganos de gobierno para la consulta o la toma de decisiones clave, por otra parte los consejeros no familiares aportarán la objetividad necesaria para evitar disensiones. Ya sea adoptando la forma de órganos como el Consejo Asesor o el Consejo de Familia, pueden evitar o resolver eventuales conflictos. Por último, planificar la sucesión también ahorrará muchos problemas y allanará el camino de cara a la viabilidad misma de la empresa.