¿Es obligatorio redactar una carta de despido voluntario?

carta despido voluntario

El trabajador puede decidir en cualquier momento que quiere marcharse de su empresa. Es más, legalmente puede hacerlo sin necesidad de dar razones, según recoge la Constitución Española. En concreto, el derecho a trabajar y elegir libremente la profesión u oficio (art. 35 CE) es un derecho que, junto a otros, ayudan a crear el tejido necesario de una economía de mercado, junto a la libertad de empresa, la libertad contractual o el derecho a la propiedad privada y la herencia.

Por lo tanto, del mismo modo que la prestación de servicios se inició de forma voluntaria, así como la permanencia en el trabajo, en el momento que el trabajador quiera también puede marcharse. Sin embargo, rescindir su contrato de forma válida implica una cumplir una serie de requisitos formales para que ésta se extinga y esa extinción sea efectiva a efectos legales.

Notificar baja voluntaria, de forma oral o por escrito

En efecto, lo habitual es que tanto el empresario como el trabajador firmen un documento o carta de despido voluntario, en el que éste deje constancia su intención de dar por teminada la relación contractual. Aún así, también sería legal hacerlo oralmente pues la comunicación verbal se admite como modo de comunicación cuando es el empleado el que lo hace, a diferencia de lo que ocurre con las empresas, obligadas a hacer una notificación por escrito. Ya se avise al empresario por escrito o verbalmente, la comunicación debe hacerse con la suficiente antelación. Por un lado, lo lógico es que se haga así por simple cuestión de cortesía, pues de este modo la empresa puede encontrar soluciones a la nueva situación, bien contratando a otro trabajador o reorganizándose del modo que estime oportuno. A su vez, la empresa tendrá un plazo para preparar las cantidades que se adeuden por finiquito y otros pagos, y que deberá satisfacer el último día de trabajo.

Preavisar con antelación

Legalmente, la antelación se regula en el artículo 49.1 d) del Estatuto de los Trabajadores, donde se reconoce la dimisión como causa de extinción del contrato laboral, al tiempo que se especifica que debe mediar el "preaviso que señalen los convenios colectivos o la costumbre del lugar". En un caso extremo, podría darse el caso, por lo tanto, de que, a falta de regulación en convenios y de costumbre, ni siquiera hubiera obligación de preavisar, aunque la costumbre los 15 días de preaviso siempre podrían invocarse, si bien habría que poder demostrarla a nivel local. Y, en todo caso, es importante para el trabajador conservar una copia de la carta o un recibí de la misma, respetando un plazo acordado. En este punto, el preaviso ha de ser el previsto, lo que significa que si bien comúnmente se avisa con 15 días de antelación, el plazo dependerá de lo que se establezca en el Convenio Colectivo (algunos establecen penalizaciones), por lo que habría que comprobar si éste regula el procedimiento que ha de seguir un trabajador para dejar la empresa, tanto en cuanto al plazo de preaviso como en otros aspectos. Independientemente de que se hubiera acordado un pacto de permanencia, el trabajador está en su derecho de firmar una baja voluntaria, aunque de su decisión pueden derivarse consecuencias económicas negativas en función de lo acordado. Por último cuando existe una baja voluntaria, puesto que no constituye una causa legal de desempleo, no es posible cobrar la prestación, salvo excepciones que sí generan derecho a cobrarla, como la modificación de las condiciones de trabajo, el traslado sin justificación a otro centro de trabajo y que suponga el cambio de residencia, el retrato continuado de las nóminas o ser víctima de violencia de género.