Claves del lenguaje corporal masculino en la negociación

Claves del lenguaje corporal masculino en la negociacion

Como es bien sabido, los negociadores persiguen alcanzar una comunicación efectiva que permita lograr el éxito. Para ello, qué duda cabe, poner sobre la mesa buenos argumentos es esencial, pero también es cierto que puede no ser suficiente.

El lenguaje sutil de la negociación aconseja no descuidar el lenguaje corporal, incluyendo los gestos, el tono de la voz, la manera de expresarnos, el vocabulario utilizado... Son numerosos los estudios que demuestran la importancia del lenguaje no verbal, su versatilidad y riqueza de significado, así como las enormas posibilidades que supone utilizarlo y, cómo no, también saberlo interpretar cuando lo hace nuestro interlocutor, ya sea de forma consciente o involuntaria. Dentro de ese convencionalismo en la atribución de significados, aprender a utilizarlo o a percibir e interpretar el lenguaje corporal de nuestro interlocutor en ocasiones implica hacer distinciones entre hombres y mujeres.  

Lenguaje no verbal para ambos géneros

Centrándonos en las claves del lenguaje corporal masculino en la negociación comercial habrá un sinfín de situaciones que deban interpretarse de un modo neutro, al margen del género. Distinguiremos, por lo tanto, entre construcciones o significados culturales atribuidos independientemente del género y, por otro lado, distinguiremos claves del lenguaje corporal masculino en las negociaciones. Los ejemplos indistintos, por lo tanto, son perfectamente válidos para los hombres y, de hecho, el mundo empresarial ha sido tradicionalmente ocupado por personas del sexo masculino en sus puestos directivos, con lo que el riesgo de equivocarnos al atribuirle un determinado significado será mínimo. Tomar asiento, pongamos por caso, es una situación muy habitual en los escenarios de negociación. En este sentido, echarse hacia atrás y mantenerse en una postura educada pero cómoda, sugiere confianza en uno mismo, si bien llegar a reclinarla de forma indicaría falta de respeto por el interlocutor. Los tonos de voz también son un indicador de fácil interpretación. Un tono de voz demasiado alto nos habla de una personalidad agresiva, mientras sostener la mirada con la cara seria puede considerarse simple curiosidad, desprecio o incluso un gesto retador. Los movimientos intranquilos y mirar el reloj mientras se habla denotan prisas o falta de interés, y hacerlo cuando habla la otra persona, además, puede considerarse también falta de educación.  

Claves del lenguaje corporal masculino

Aunque en los casos anteriores las razones que atribuiríamos a los significados muy probablemente serían distintas según el género, el primer significado sería coincidente. Sin embargo, con ejemplos como los siguientes la atribución masculina sería específica. Consideraremos ambicioso y competitivo al hombre cruza la pierna en un ángulo de 90 grados con respecto al nivel de la rodilla. Se trata de una actitud muy poco frecuente en las mujeres, por lo que si sucediera el significado no sería el mismo, atribuyéndole un comportamiento extraño y, en la práctica, por lo general se bloquearía la comunicación. Cuando un hombre se sienta sobre una pierna transmite sensación de conformismo e indecisión, pero cuando coloca una pierna sobre la otra, apuntando hacia el suelo transmite sensación de equilibrio. si lo hace con las dos piernas unidas paralelamente se le considerará una persona cuidadosa o quizá meticulosa. Si cuando nuestro interlocutor entra en una sala y nos encuentra sentados, la cortesía obliga a levantarse inmediatamente y tras el saludo se debe ofrecer asiento y esperar a que se siente en primer lugar, al margen de que sea hombre o mujer Si bien los movimientos se consideraban señal de inquietud, tal y como vimos, en el caso del hombre mirar hacia los lados con frecuencia se considera una señal de hipocresía. En este caso, la interpretación es muy distinta a las mujeres, un signo de coquetería que incluso puede llegar a interpretarse como una insinuación sexual. Por último, arreglarse la ropa o algún accesorio, como ajustarse el nudo de la corbata, dando los últimos toques a nuestro vestuario, puede interpretarse en el hombre como una insinuación o una declaración de interés que va más allá de lo comercial. Estos retoques, por lo tanto, es mejor hacerlos en privado.