Víctor Lapuente: “En estos momentos, la referencia son los países nórdicos”

Víctor Lapuente es doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Oxford y por el Instituto Juan March de Madrid, además de máster en Gestión Pública por la Universidad Autónoma de Barcelona, la Universidad Pompeu Fabra y ESADE. Hoy en día es profesor de en el Instituto para la Calidad de Gobierno de la Universidad de Hamburgo y colabora con diferentes medios de comunicación.  Interesado por el análisis de políticas públicas, el funcionamiento de las administraciones desde un punto de vista comparado y las causas y consecuencias de la corrupción, Lapuente acaba de publicar “El retorno de los chamanes”, un libro en el que habla de los charlatanes que amenazan el bien común y los profesionales que pueden salvarnos.                              

  • En su libro nos habla de los chamanes y las exploradoras. ¿Podría definir estos dos conceptos?

Los “chamanes” son los políticos o intelectuales que proponen soluciones fáciles a los problemas complejos aprovechando una intrínseca debilidad humana: que cuanto más extraordinario es el problema que sufrimos (pensemos en un terremoto en la antigüedad o una crisis económica global hoy día), más nos sentimos atraídos por las explicaciones fáciles en las que aparece un culpable definido (como los demonios en la Antigüedad o Angela Merkel  hoy día). En el extremo opuesto de cómo afrontar una crisis colectiva, tenemos la aproximación a las políticas públicas que llamo de “exploradora”. A diferencia del chamán, la exploradora no identifica un culpable, sino que se centra en buscar soluciones. La exploradora compara una política concreta (pensemos en introducir copagos en los medicamentos o subir las tasas universitarias) con alternativas posibles (como aumentar los impuestos).

  • ¿Cómo definiría España? ¿Un país de exploradoras o de chamanes?

Hay de todo. Tenemos políticas públicas que son un referente a nivel mundial, como la sanidad. La razón es que han escapado de la lucha ideológica simplona. La sanidad ha estado gestionada por un universo complejo de “exploradoras”, incluyendo políticos  que han innovado más allá de sus manuales ideológicos de referencia (pensemos en socialistas abrazando fórmulas de gestión empresarial), gestores sanitarios que han gozado de libertad para buscar soluciones ingeniosas a los retos continuos que una sanidad universal y ambiciosa como la nuestra plantea, y unos profesionales sanitarios que, a diferencia de otros (por ejemplo, en educación), han disfrutado de un mayor margen para hacer su trabajo. En muchas otras, como la educación, pero también la protección social o la política laboral, desgraciadamente las políticas han quedado capturadas por “chamanes” que hacen unos relatos muy ideológicos (“cuidado que vienen los neoliberales”) para evitar discutir la sustancia de las políticas.

  • ¿Cuáles son los países que tienen mejores políticas?

En estos momentos, la referencia son los países nórdicos. Sus políticas públicas se discuten en términos más pragmáticos, discutiendo los efectos, en lugar de excusas para confrontar grandes cosmovisiones ideológicas (como la “defensa de lo público” o los “derechos sociales” frente a la “libertad del individuo”). Sin embargo, los países nórdicos tampoco están vacunados contra el “chamanismo”. Han vivido momentos bajo el influjo de chamanes, como los estatistas que controlaron la élite política en los 70 o los xenófobos que se están aupando al poder en la actualidad.

  • ¿Quiénes son los culpables de que algunos países tengan mejores políticas que otros?

Hay muchos factores, pero me gustaría destacar uno que pasa desapercibido en los diagnósticos habituales: el papel de los medios de comunicación. Veamos un ejemplo. Los medios de comunicación pueden plantear la discusión sobre los recortes que hay que aplicar a, pongamos, la sanidad pública para hacerla sostenible de dos maneras: a) discutiendo los pros y contras de distintas medidas (copagos, restricciones de servicios, despidos, etc.), contando con la voz de expertos en el tema, asociaciones, y los responsables de sanidad de los partidos políticos; o b) como solemos hacer en España: tertulia de intelectuales-chamanes (neoliberales o de izquierdas) que tienen una solución para todos los problemas junto con políticos-chamanes, de verbo fácil, ocurrentes, y también con un relato ideológicamente muy coherente.

  • ¿Cuál cree que es la clave de la felicidad de una nación?

Tener un gobierno pragmático. Uno que anteponga los resultados de las políticas públicas a seguir un guion ideológico determinado.

  • En el libro habla sobre el populismo, “un fantasma que recorre Europa”. ¿A qué o a quiénes se refiere?

A todos los nuevos partidos que tienen soluciones sencillas. A los partidos xenófobos que, en la Europa continental y nórdica, culpan a los inmigrantes de sus males; y a los radicales de izquierda que, en la Europa del sur, acusan a los mercados financieros, Alemania y otros oscuros intereses foráneos, de nuestros males. Los que enfatizan el culpable de nuestros problemas y quieren ir “a la raíz” de los problemas en lugar de centrarse en encontrar soluciones pragmáticas.

  • ¿Cree que la aparición del populismo es peligrosa para el continente?

Mucho y temo que una recaída en la crisis económica les dé todavía más alas. Ahora tienen unas estructuras de partido más sofisticadas, con lo que podrían capitalizar una nueva crisis económica de forma más efectiva.

  • ¿Podría darle algún consejo a aquellos jóvenes que estén comenzando ahora su andadura profesional?

Que no elijan lo que más les guste dentro de las salidas profesionales que se les pongan delante, sino que busquen dentro de sí mismos y elijan, entre las cosas que realmente les guste hacer, aquella que tenga una mejor salida profesional.