Uber y Airbnb, dos polémicos casos de éxito de la economía colaborativa

Uber, la aplicación para solicitar desde el smartphone trayectos en vehículos privados, y Airbnb, la web de alquiler de habitaciones o viviendas de particulares a turistas, tienen tres cosas en común.

1. Están valoradas en más de 10.000 millones de dólares (7.344 millones de euros).

2. Son las principales exponentes de lo que se conoce como economía colaborativa, a la que el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) le calcula un potencial en los próximos años de 110.000 millones de dólares (82.000 millones de euros).

3. Allá donde operan estos servicios desatan la polémica.

 

 

UBER

Vayamos por partes. Uber, creada en San Francisco en 2009, ha desarrollado una aplicación en la que todo se hace a través de la app, incluso la valoración de chóferes y pasajeros. La tarjeta del cliente se vincula a la aplicación y desde allí se paga. Se ha filtrado que la compañía factura 20 millones de dólares semanales. Una de las claves de Uber son sus bajos costes. Su función es de mero intermediario. Ahora bien su éxito es directamente proporcional a la animadversión que provoca en el sector del taxi. Las protestas en Europa, y concretamente en ciudades como Barcelona o Madrid, han llevado a Bruselas a sancionar hasta con 10.000 euros de multa a los conductores de Uber, que ha llegado ya a más de 70 ciudades en 37 países.

 

Esta startup californiana se defiende de los ataques de los taxistas -”vulnera la legalidad”, “no ofrece garantías a los pasajeros”, “no paga impuestos”- señalando que los conductores asociados pasan por un “estricto proceso de selección”, que incluye la “verificación de antecedentes penales” y cuentan con un póliza de seguro de responsabilidad civil que cubre los trayectos. Los expertos señalan que es un fenómeno imparable, aunque habrá que pasar por una etapa de regulación.

 

 

AIRBNB

Nacida en 2008, también en San Francisco, esta web utilizada por miles de turistas ofrece en la actualidad 600.000 plazas en 34.000 ciudades en 192 países.  En España, tiene más de 55.000 espacios, un 63% más que en el último año. No son ajenos a la polémica. El gremio hotelero ha puesto el grito en el cielo porque la considera competencia desleal y, aseguran, los pisos que ofertan no cumplen con la normativa exigida para alojar a personas y, además, no pagan impuestos, como sí hacen ellos.

 

¿Y qué dice Airbnb? Ellos argumentan que los propietarios de los pisos de que ofrecen tienen la obligación de atenerse a las leyes de cada ciudad. Recientemente han publicado un estudio, realizado junto a los economistas de Dwif Consulting, en el que señalan que el impacto en Barcelona de Airbnb asciende a 128 millones de euros, una cifra que se obtiene de sumar los ingresos de los anfitriones y también de otros aspectos como que los huéspedes de Airbnb permanecen 2,4 veces más tiempo y gastan 2,3 veces más que un turista convencional.

 

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