Proactividad: Actúa con decisión

Una de las características del líder consiste en actuar de manera decidida y resuelta, lo cual inspira confianza y motiva a quienes lo siguen. Francisco Muro, consejero delegado de Otto Walter para España y Portugal, ofrece algunos consejos sobre la cuestión a partir de los aforismos de Gracián.

 

Diligente e inteligente. La diligencia ejecuta presto lo que la inteligencia ha pensado con calma. La prisa es una pasión de necios, al contrario, los sabios suelen pecar de lentos. Malogra tal vez una buena idea la ineficacia de la indecisión al actuar. La presteza es madre de la dicha, obró mucho el que nada dejó para mañana. Augusta empresa, correr despacio.

Baltasar Gracián

 

Lección magistral donde las haya: “augusta empresa, correr despacio”. En la realidad empresarial, la dirección siempre debe afrontar decisiones. La evolución es continua y no permite avanzar sin cambios permanentes que nos permitan evolucionar, como mínimo, al mismo ritmo que nuestro entorno. Esto implica constantes análisis de situación abocados a una búsqueda y elección de alternativas. Y ahí surge muchas veces la duda ¿esperar o actuar? ¿Seguir analizando o avanzar?

 

Evita el peligro de la indecisión. La experiencia marca que la peor decisión es siempre la indecisión. Si el temor a equivocarnos paraliza nuestra proactividad, más nos vale dedicarnos a otra cosa, pues está claro que la alta dirección no es nuestro territorio.

 

Mantén la coherencia y sé consecuente. Huye de las temeridades, sé consecuente con tus principios y valores, reflexiona concienzudamente las decisiones estratégicas y, una vez que te hayas marcado la meta, empieza a caminar sin dilación y con paso firme. Las más de las veces los planes fracasan por falta de valentía de los que debieron tomar las decisiones. Otras tantas porque cuando se  decidió una política, a la hora de llevarla a la práctica sólo se hizo a medias, por si acaso, logrando en lógica consecuencia un resultado mediocre.

 

Aprecia el valor de los errores. La dirección no tiene bolas de cristal, ni puede esperar al lunes para acertar sobre seguro la quiniela pasada. Debes actuar de forma inteligente y con presteza. ¿Asegura eso más de un error?, desde luego, y triste futuro le aguarda al directivo que nunca yerra, pues es señal inequívoca de que nunca decide y ésa será, precisamente, su perdición. No hay excusas. Decidir no hacer nada ya es una decisión, y, por tanto, los que tomaron esa opción son igualmente responsables de sus consecuencias.

 

Sé proactivo. Demasiado a menudo no se consiguen mejoras importantes porque no se prueban nuevas formas. Una máxima dicta: “Si sigue haciendo lo de siempre obtendrá los resultados de siempre. Si quiere algo mejor tendrá que hacer cosas diferentes”. Por ello es que nunca se debe renunciar a probar algo distinto por miedo a los cambios. Si la opción se estima con un riesgo excesivo, es de inteligentes buscar otra elección, pero si no hay pruebas concretas que demuestren que el cambio supondrá algo peor, hazlo. Y no se trata de acertar a la primera, pues cada intento ofrecerá nuevos panoramas que antes no se podían contemplar, y te sugerirán nuevos cambios que mejorarán la primera idea y corregirán los defectos encontrados.

 

Mantén la armonía del líder. La dirección no se adapta a los cambios, ¡los conduce y los gestiona!, y ese es uno de los placeres de la dirección, ejercer el poder de cambiar hoy las cosas que permitirán lograr un futuro mejor. Y la motivación no vendrá de admirar el resultado último, pues el cambio que diseñamos y comenzamos hoy, cambiará sobre sí mismo antes de que termine, y tendremos que decidir de nuevo, evolucionando con el mundo, o mejor aún, haciendo evolucionar al mundo, sin que quepa esperar el momento de sentarse y admirar lo logrado.

¿Cómo encontrar motivación ante esta realidad? No tengo respuesta cierta a tamaña cuestión, tan sólo aporto humildemente una reflexión personal que me acompaña en mi vida profesional, y que procuro tener presente cada día: “Toda la vida corriendo raudo y fugaz en pos de la ansiada meta final, El Éxito, para acabar descubriendo que éste era sólo el horizonte, siempre inalcanzable, y la verdadera meta, la felicidad, estaba en disfrutar de cada avance logrado durante el camino”.

 

¡Atrévete! Da, por tanto, prioridad a la acción sobre la inacción. Al atrevimiento sobre el exceso de prudencia, que el exceso todo lo hace malo, pues hasta lo más dulce, en exceso, se convierte en empalago.

Lo que debas hacer hazlo. Eso sí, bien hecho. Y si tienes que fracasar, que no sea por no haberte atrevido, pues el sinsabor de la derrota será doble: por un lado, el resultado en sí y, por otro, lo que es peor, saber que fue por culpa de la propia negligencia y sin saber qué hubiera pasado de hacer lo que debías haber hecho. Si hay que caer, que sea por avanzar, por hacer lo que uno creía adecuado, y la recompensa a este espíritu será siempre merecer la “suerte” del que estaba buscando, del que lo intentó, pues la suerte no llega sola, se provoca hasta merecerla.

 

Ser decidido. Menos dañosa es la mala ejecución que la irresolución. Ingenioso suele ser ver las dificultades, pero más lo es el hallar salida a los inconvenientes. Los hay de gran juicio y determinación que no se detienen ante nada, nacieron para sublimes empleos, porque su despejada amplitud de visión facilita el acierto y la resolución. Ya tienes el NO, ve en busca del SÍ con destreza, que las más veces no se consigue porque no se intenta.

Baltasar Gracián