Mila Cahue: “La autorreflexión y el autoconocimiento son imprescindibles para poder potenciar nuestra vida”

mila cahue

Doctora en Psicología y especialista en Psicología Clínica, Mila Cahue ha sido profesora en los masters de Psicología Clínica de diferentes universidades y es Web of Science Regional Editor (IP & Science) en Thomson Reuters. Además, ha colaborado estrechamente con M. Jesús Álava Reyes durante más de diez años en su Gabinete de Piscología. Por si fuera poco, colabora en diferentes medios de comunicación y en revistas especializadas. Hoy hablamos con ella sobre “El cerebro feliz”, un libro en el que nos descubre los entresijos de este fascinante órgano.

 

- ¿Qué es la felicidad?

La felicidad es una experiencia subjetiva y es por ello que no hay una receta válida igual para todos. Sin duda, puede “sentirse”, en la medida en que se tiene la sensación de tener valor y conseguir objetivos personales en un contexto apropiado; y puede “pensarse” en la medida en que somos conscientes de qué y por qué estamos en un momento de plenitud o de satisfacción. Sin duda, el autoconocimiento es el camino más rápido para una vida feliz, a la que daremos sentido si ocurre de acuerdo con nuestra naturaleza, nuestros objetivos y nuestras capacidades.

 

- ¿Existe la felicidad plena?

Si, se puede alcanzar. Pero feliz no es sinónimo de fácil. Aprender a ser y a vivir es un camino que se transita durante toda la vida, y que tenemos que estar en disposición de ir reajustando para que tenga un significado y resultados satisfactorios y acordes con nuestra más profunda intimidad.

 

- ¿Es necesario conocer el funcionamiento del cerebro para ser feliz?

No necesariamente pero, sin duda, nos haría el camino más sencillo, más rápido y más amplio. Por ejemplo, si nos sentimos frustrados porque no conseguimos objetivos que nos proponemos, aprender a utilizar la atención para motivarnos, y la paciencia para perseverar, sin duda nos llevarán a un resultado que nos proporcionará felicidad. O si aprendemos a enunciar nuestros pensamientos de una manera constructiva en vez de destructiva, sin duda nuestro cerebro podrá ejecutar conductas que nos ayudarán a crecer.

 

- ¿Es importante que cuidemos de nuestro cuerpo para ser felices?

Es absolutamente imprescindible que proporcionemos a nuestro cuerpo las necesidades fundamentales de descanso, ejercicio y buena nutrición. Por seguir con nuestros ejemplos, no podemos ponernos a doscientos por hora en un coche sin gasolina, con las ruedas pinchadas y con los retrovisores desajustados. Cuando estamos cansados nuestro lóbulo prefrontal, que es donde se encuentra la memoria a corto plazo, que es la que nos ayuda a planificar, no funcionará correctamente. Necesita de mucha energía y, si no la hay, no trabajará. Además, tendemos a confundir el cansancio con tristeza, porque ambas implican pérdida de energía, y si empezamos a “pensar” que estamos tristes, nuestro hemisferio izquierdo en seguida encontrará una buena “razón”, real o inventada. Y entramos en bucles a veces irracionales o ineficaces. Aprender a cuidarnos es probablemente una de las conductas más inteligentes que podemos poner en práctica. El cerebro, en realidad, es feliz cuando consigue sobrevivir. Todas sus funciones están diseñadas simplemente para la supervivencia.

 

- En su libro explica que la felicidad es una combinación perfecta entre emoción y razón. ¿A qué se refiere?

Existe ahora una tendencia muy generalizada a etiquetarnos como “racionales” o “emocionales”. Todos, sin excepción, somos emocionales, pues todos sentimos. Las emociones son señales que nos está enviando nuestro cerebro continuamente para adaptarnos eficazmente a un contexto. Lo que hacemos después de sentir, es lo que puede resultar más evidente, a través de nuestras conductas. Probablemente llamamos “emocionales” a las personas que gestionan peor sus emociones, sin control, de manera desbordada. Y las “racionales” probablemente también están gestionando torpemente sus emociones, a veces incluso sin llegar a reconocerlas o, desde luego, incapaces de expresarlas correctamente. Por eso lo más inteligente es el equilibrio entre ambas. En realidad, nuestras vidas son un 80% emoción y un 20% razón. Cuando las dos trabajan en equipo, funcionamos al 100%.

 

- ¿Cuáles son las principales barreras que nos impiden ser felices?

Sin un autoconocimiento, no sabremos realmente lo que tiene significado para nosotros. No saber identificar nuestras emociones o pensamientos nos lleva a tomar decisiones equivocadas. Con mucha frecuencia los aprendizajes familiares, culturales o personales pueden cortocircuitar con nuestras emociones (p.e. pensar que el “amor verdadero” ha de aguantar todo tipo de vejaciones). Cuando hay experiencias que nos duelen, el dolor nos está indicando que hay algo que debemos cambiar. Cuando no lo hacemos, aparecen las patologías, físicas o mentales, o incluso el cartel de “Game Over”. No saber reconocer las señales de nuestro cerebro suele ser una de las fuentes principales de frustración. Imaginad una ciudad en la que los conductores no supieran que el rojo de los semáforos significa “parada”: los accidentes serían altos, dolorosos e innecesarios en su mayoría. Con las emociones ocurre lo mismo.

 

- ¿Cree que es importante que nos conozcamos a nosotros mismos?

Es absolutamente imprescindible. Uno no puede ser feliz por otro. Aunque vivamos momentos de felicidad por los éxitos de otra persona, no son “nuestros” éxitos o logros. Somos felices cuando sentimos que nuestra vida tiene sentido para nosotros.

 

- ¿Cuáles son las claves de la felicidad?

Autoconocimiento, responsabilidad, y unas enormes ganas de vivir esta aventura de nuestra vida.

 

- ¿Podría darle un consejo a los estudiantes de EAE Business School?

El gran reto es que aprendamos a utilizar nuestro cerebro, no más, si no mejor. Y lo más aconsejable es empezar por uno mismo: la autorreflexión y el autoconocimiento son imprescindibles para poder potenciar nuestra vida y que ésta tenga el sentido que probablemente nos hará sentir felices. En ese camino cometeremos errores, que tenemos que considerar, no como fracasos, sino como sanísimos factores de corrección. El juego es la metodología natural para aprender, y en los juegos se cometen errores. No todos los juegos son infantiles (p.e. ajedrez), pero son divertidos y suponen un reto. En todos los juegos existe el error, y corregimos sin problemas. Juguemos al juego de nuestras vidas, vivamos esta aventura personal y ocupemos el sitio que nos corresponde: el resto de plazas ya están ocupadas.