Miguel Sebastián: “El principal problema económico estructural que tiene España es su mercado de trabajo dual y el bajo crecimiento de su productividad”

Licenciado en Economías por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Economía por la Universidad de Minnesota, Miguel Sebastián ha sido director de Intermoney y del Servicio de Estudios del BBVA. También dirigió  la Oficina Económica del Presidente durante el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, aunque es más conocido por haber sido candidato del PSOE a la alcaldía de Madrid en 2007 y Ministro de Industria, Turismo y Comercio de 2008 a 2011. Hoy hablamos con él sobre su libro “La falsa bonanza”.

  • ¿A qué se debe el título del libro?

El libro se refiere al período 1998-2008, el período calificado como el “milagro económico español” o el “España va bien”, pero que no fue tal. Fue una década en la que, tras nuestra entrada en el euro, se acumularon una serie de excesos que luego estallarían durante la crisis financiera global de 2008, agravando la intensidad y duración de la crisis en España.

  • ¿En qué se diferencia este libro respecto a otros que hablan de la crisis económica sufrida en España?

En que realmente no es un libro sobre la crisis, sino sobre el período anterior a la misma. De hecho, el libro termina el día en que cae LehmanBrothers, en Septiembre de 2008. Pero, para entender la magnitud de la crisis, hay que conocer todo lo que ocurrió en ese período, para evitar que se vuelva a repetir, bien en España en el futuro, bien en otros países. El problema de nuestro país es que no hemos hablado suficientemente de ese período y, por el contrario, hemos hablado mucho de la crisis. Tenemos que llegar a un consenso sobre lo ocurrido en ese periodo para extraer las enseñanzas pertinentes, sobre todo pensando en las nuevas generaciones.

  • ¿Quiénes son los responsables de la crisis económica global? ¿Y de la española en particular?

A mí no me gusta hablar de personas, sino de políticas o diseños institucionales. Creo que globalmente hubo un problema de insuficiente o mala regulación y supervisión  financiera. También unas políticas monetarias excesivamente laxas. Y un exceso de innovación financiera que nadie comprendía. A escala europea, hubo un claro problema de diseño institucional de la zona euro y del papel del Banco Central Europeo, que sólo reaccionó a la crisis de deuda soberana de la zona euro en verano de 2012, cuando ya habían transcurrido cuatro años desde el estallido de la crisis global y el euro estaba al borde de su desaparición. Y en España, la acumulación de una serie de excesos que se generaron tras nuestra incorporación al euro.

  • En el libro habla sobre los excesos macroeconómicos que allanaron el camino a la crisis. ¿A qué excesos se refiere?

Cada uno de los capítulos del libro se refiere a uno de esos excesos. Pero todos se pueden resumir en dos: la deuda privada y la deuda externa. Cuando una familia se endeuda, está cogiendo recursos económicos del futuro para gastarlos (consumo o inversión) hoy. Y lo mismo con las empresas. Y esto en principio es bueno, sin duda, como es bueno que haya crédito. El problema es el exceso, es decir, cuando se acumula un volumen de deuda privada insostenible. Porque, cuando los ingresos no te dan para pagar los intereses y el principal de esa deuda, tienes que recortar gastos, agudizándose la recesión. Y una buena parte de esa deuda privada (tanto la del sistema financiero como la del sector eléctrico) se convirtió en pública, limitando el margen de actuación de los gobiernos frente a la crisis. Porque un rescate bancario no es otra cosa que convertir deuda privada en deuda pública. Es importante insistir en que, de entrada, no teníamos un problema de deuda pública. De hecho en 2007 éramos de los países de la OCDE con menor ratio de deuda pública. El otro problema ha sido la deuda externa: hemos financiado nuestro crecimiento en base al ahorro externo, es decir, endeudándonos frente al exterior. Y ello nos ha pasado factura cuando estalló la crisis financiera global y el grifo de crédito externo se cerró para todo el mundo. Porque nosotros estábamos especialmente enganchados a ese grifo

  • ¿Por qué nadie alertó sobre esos excesos que el país estaba acumulando?

Esa es una de las cuestiones claves del libro. Han fallado los sistemas de alerta, que tienen que funcionar en las épocas de “bonanza”, en caso de que ésta sea insostenible. Y han fallado, en primer lugar, por la dificultad en medir qué es un “exceso”. Esto no es como un análisis de colesterol que te dice que tienes un problema a partir del nivel de 200, pongamos por caso. Aquí los excesos se producen sobre variables que, de entrada, son buenas. ¿O es que el crédito no es bueno? ¿O la construcción? ¿O las infraestructuras? ¿O las energías renovables? ¿O la internacionalización? El problema es el exceso. Cómo medirlo y cómo actuar en caso de que se detecten que se están inflando todas esas burbujas.

  • ¿Cree que la crisis se podía haber evitado?

La crisis per se no, porque fue una crisis financiera global y ningún país podía quedarse al margen de su impacto. Los flujos financieros internacionales se secaron y ello afectó a todas las economías, aunque algunas más que otras. En España el impacto podría haber sido menor si no se hubieran acumulado todos los excesos y burbujas narrados en La Falsa Bonanza. Por eso yo soy más crítico, y autocrítico, con el período 1998-2007 que con el período 2008-2014.

  • ¿Qué papel tiene la entrada del euro en la crisis económica española y europea?

Como he afirmado antes, buena parte de esos excesos se producen como consecuencia de nuestra entrada en el euro. En España, siempre que fijamos el tipo de cambio se nos produce una fuerte avalancha de capitales y las consiguientes burbujas. Nos pasó en 1989, con nuestra entrada en el SME y nos volvió a pasar en 2009. Pero, además, con el euro se produce una fuerte expansión monetaria, decidida por el BCE, que España no supo contrarrestar con medidas fiscales o regulatorias. Los bancos expandieron su volumen de crédito para compensar la caída de los márgenes de intermediación. Y el Banco de España no pudo o no supo parar esta burbuja de crédito. Finalmente, el euro también nos ha afectado por el mal diseño institucional de la unión monetaria, con ausencia de una unión fiscal y bancaria. Los déficits por cuenta corriente de los estados miembros no han sido irrelevantes, como se esperaba al crearse la moneda única. Y el BCE no respondió a los ataques frente a las deudas soberanas de los países periféricos hasta bien entrado 2012.

  • ¿Cree que estamos saliendo realmente de la crisis?

No hay duda de que hemos empezado a tener tasas de crecimiento positivas y creación de empleo. Pero nuestro nivel de PIB real al terminar 2015 todavía estaba un 4% por debajo del nivel de 2008, previo a la crisis. Si todo va bien recuperaremos ese nivel en 2017, y entonces podremos decir que hemos salido de la crisis. La zona euro ya ha recuperado ese nivel, y EE.UU. lo hizo hace 4 años.

  • ¿A qué retos se enfrenta actualmente la económica española?

El problema de la “falsa bonanza” no sólo ha sido los excesos que se acumularon, sino que quedaron aparcadas todas las reformas estructurales pendientes desde finales del siglo XX. El euro ha actuado como una “anestesia” que ha ocultado la necesidad de afrontar esos retos pendientes. Y con la crisis se termina la “anestesia” y afloran todos los “dolores” por no haberlos abordado en su momento. Las reformas estructurales hay que hacerlas en las épocas de bonanza, no durante las crisis. El principal problema económico estructural que tiene España es su mercado de trabajo dual y el bajo crecimiento de su productividad. Ambos están relacionados y necesitan ser abordados. Pero también tenemos un problema con nuestro sistema de pensiones, derivado del envejecimiento demográfico. La fuerte inmigración del periodo de la falsa bonanza también enmascaró este problema, que ahora ha vuelto a aflorar. Pero tenemos otros muchos retos pendientes: la dependencia energética, el déficit por cuenta corriente, el exiguo espíritu emprendedor, el tamaño empresarial, la excesiva bancarización, el sistema educativo, la calidad institucional y un sistema fiscal ineficiente e injusto. Ahora, además tenemos un grave problema de desempleo y un exceso de endeudamiento público y privado. Mi objetivo no es consensuar las medidas, eso sería muy ambicioso. Pero me conformo con consensuar el diagnóstico, es decir, la lista de retos pendientes y la agenda para abordarlos.

  • ¿Podría darle algún consejo a los alumnos de la EAE Business School?

Que continúen su formación, que no descuiden los idiomas, que presionen para que se lleven a cabo las reformas y que se animen a montar sus propios negocios, aunque fracasen  inicialmente.