Miguel Roig: “No hay que infravalorar lo que la UE ha logrado en su poco más de medio siglo de historia, pero tampoco conformarse”

Parece difícil de creer, pero es posible hacer humor de temas tan complejos como la Troika y los rescates financieros. Nos lo ha demostrado Miguel Roig con su libro “Troikoficciones”. En este divertido ensayo, el corresponsal del diario “Expansión” en Bruselas combina realidad y ficción para resumir con maestría y mucho sentido del humor horas de reuniones, comisiones, llamadas, informes y conversaciones.

  • ¿Te ha resultado muy difícil hacer humor de algo tan espeso y complicado como la Troika y los rescates financieros?

Pues no sabría qué decirte. Por una parte, Trokoficciones es un libro cortito, en el que he intentado hacer comprensible algo bastante denso, como son los engranajes del sistema de rescates que nos hemos dado los europeos y el equilibrio de poder en el que sobrevive la Unión Europea. Eso, condensar mucha información en poco texto, siempre lleva su tiempo. Y no tanto de escritura, que también, sino de horas y horas dedicadas a seguir los rescates europeos. Pero eso mismo, el hecho de haber seguido durante años un tema, ha facilitado las cosas. Uno está más familiarizado con los hechos y protagonistas y a la hora de escribir todo sale mucho más fluido. Por decirlo de algún modo, cuando me puse a trabajar en el libro, la labor de documentación previa estaba ya hecha al 80%. Por otra parte, también hay que decir que hay políticos, como Varufakis, Tsipras, Berlusconi, Schäuble, Zapatero o Rajoy, que han facilitado mucho el trabajo y han hecho que la realidad haya superado en muchas ocasiones la troikoficción.

 

  • ¿A qué se debe el título del libro?

El título del libro nace de un hashtag que creé en Twitter para unificar todas las #Troikoficciones, que son una especie de conversaciones ficticias por whatsapp con las que intenté describir entre irónica y sarcásticamente algunos episodios de los rescates europeos. La idea era unir en un concepto la idea de la Troika, que era la imagen pública de los rescates europeos, con la idea de que todo era una ficción. Salió Troikoficciones. El subtítulo, “Una historia irreverente de los rescates europeos”, me lo sugirió Roger Domingo, director editorial de Ediciones Deusto, y me pareció estupendo.

 

  • Gracias a tu trabajo has podido conocer de cerca los tejemanejes de la Unión Europea. ¿Crees que este organismo funciona cómo debería o, por el contrario, tiene mucho margen de mejora?

No hace mucho leí un artículo de opinión de Timothy Garton Ash que decía que igual que la democracia es el peor sistema de gobierno, exceptuando todos los otros, la Europa en la que vivimos hoy en día es la peor Europa posible si exceptuamos todas las otras Europas que se han ido ensayando anteriormente. Me pareció una paráfrasis certera, porque refleja dos puntos de vista con los que coincido: no hay que infravalorar lo que la UE ha logrado en su poco más de medio siglo de historia, pero tampoco conformarse. En muchos sentidos la UE es disfuncional, pero la única manera de hacerla funcional y, a la vez, afrontar los retos que nos trae la globalización, es avanzar hacia una mayor integración y cesión de soberanía a Bruselas. Por supuesto, eso no se puede hacer sin la voluntad de los ciudadanos europeos y requiere una mayor ‘accountability’ democrática de las instituciones europeas.

 

  • ¿Crees que ésta es la crisis más grave que ha sufrido este organismo?

Sí. Están ahora mismo en juego dos de los pilares y símbolos de la integración europea: el euro y el área de libre circulación de personas. Y si las cosas se tuercen en el referéndum británico, podría producirse la primera baja de un Estado Miembro desde su creación.

 

  • El gobierno español sigue diciendo que en España no hubo ningún rescate. ¿Qué opinas al respecto?

Que no estoy de acuerdo. Me explico. En descargo del Gobierno diré que creo que es legítimo distinguir entre un rescate total, como el griego, del rescate español, que se utilizó solamente para rescatar el sistema bancario. Bueno, a las cajas y a un banco controlado por ellas, pero ese es otro debate. Aunque por el otro lado hay una serie de hechos innegables. El primero, que el gobierno español pidió dinero a sus socios. El segundo, que el Gobierno no podía conseguir ese dinero en el mercado a precios razonables. Y el tercero, que ese dinero nos lo dieron a cambio de unas condiciones, que fueron ajustes fiscales y reformas estructurales. Negar que eso es un rescate me parece un ejercicio de contorsionismo insostenible. Por otra parte, que el Gobierno reniegue tanto del rescate me chirría un poco con el orgullo con el que esgrime las reformas estructurales. Esgrimir estas dos opiniones a la vez obvia que las reformas se hicieron más “gracias al” rescate, que  “a pesar de”.

 

 

  • ¿Crees que el final de la crisis económica española está cerca?

Pues todo depende de cómo midamos la crisis económica. Si el baremo es “hasta que la tasa de paro vuelva a los niveles pre-crisis”, entonces no está cerca. Si, en cambio, la vara de medir es “que la economía vuelva a crecer de forma sostenible”, soy algo más optimista, pero siempre que se cumplan ciertas premisas. A cortísimo plazo, que haya cierta estabilidad política. A corto/medio, que continúen las reformas estructurales y que se den pasos hacia una mayor integración económica europea. A largo plazo, quién sabe…

 

  • ¿Crees que el futuro de los jóvenes es esperanzador o van a tener que seguir emigrando para encontrar buenas oportunidades laborales?

Aunque a primera vista puede parecer lo contrario, creo que ambas opciones no son del todo excluyentes. Quiero decir que una buena forma de tener un futuro esperanzador es salir fuera a buscar oportunidades laborales. La clave, obviamente, está en poder elegir. Es decir, que haya buenas oportunidades dentro y fuera del país y que luego uno pueda elegir unas u otras en función de sus planes profesionales, personales o ambos a la vez. Si solo hay buenas oportunidades fuera, la cosa tiene trampa, por supuesto. En ese sentido, me temo que fuera sigue habiendo más oportunidades y más meritocracia que dentro, pero estoy convencido de que, haciendo las cosas bien, el ‘gap’ se va a ir reduciendo. Con esto no quiero caer en el tópico ese de que todo lo de fuera es mejor. Todo lo contrario. En España hay mucho talento y vivir unos años fuera te hace ver que en todas partes cuecen habas, pero también te muestra nuestros puntos débiles y dónde podemos mejorar.

 

  • ¿Qué consejos le darías a los jóvenes que comienzan a enfrentarse ahora al mundo laboral?

Esto de dar consejos me viene un poco grande, pero puedo comentar mi experiencia. En línea con la respuesta anterior, emigrar no es una mala opción incluso cuando la economía de tu país va bien. Yo he tenido dos experiencias fuera de España, una en Londres, tres años y pico, y ahora otra en Bruselas, en la que ya llevo un tiempo similar. La primera, en pleno ‘boom’ económico del país, entre 2005 y 2008, y la otra, recién pedido el rescate. Son probablemente dos de las mejores decisiones que he tomado profesionalmente. En cuanto habilidades, mi padre siempre me dijo que saber un idioma extra, como el inglés o el alemán, era equivalente a tener una carrera universitaria. Ahora puedo decir que no exageraba. Y de los trece años que llevo en el mercado laboral extraigo una constante: todo cambia. En realidad, supongo que siempre ha sido así y tal vez la diferencia ahora es que todo cambia más rápido. Los modelos de negocio, las estrategias, los clientes, los competidores… Hay que estar preparado para ese cambio constante desde un punto de vista de la “actitud” -asumir mentalmente que hay ciertas cosas inevitables, amortiguar sus riesgos y aprovechar sus oportunidades-, y “de aptitud” -que pasa por aprovechar la experiencia laboral para aprender nuevas habilidades y por la formación-.