Los cinco principios de la inteligencia emocional

Son cada vez más los expertos en gestión que insisten en la importancia de aplicar la inteligencia emocional en la dirección de personas. Además de ser la forma más lógica de relacionarse con los colaboradores, resulta una excelente forma de lograr un equipo motivado y que ofrezca un rendimiento excepcional.

Muchas personas aún no entienden la importancia de la aplicación de las emociones al trabajo, ya que siguen considerando éste como una actividad únicamente racional y no emocional. Sin embargo, ésta es una percepción errónea, ya que la inteligencia emocional aportará un plus de calidad al trabajo que desarrollemos.

 

Esto es así por las siguientes razones:

1. Las emociones son información

Las emociones son una gran fuente de información sobre las personas. Proporcionan datos sobre cómo se sienten, lo que les está sucediendo o lo que piensan que les va a suceder.

 

2. Tratar de ignorar las emociones no funciona

Es evidente que las emociones tienen una influencia real, aunque es difícil descubrir hasta dónde llega esa influencia. En muchos casos depende de la persona, pero hay algunas variables demostradas; por ejemplo, se sabe que toda persona que trata de suprimir la expresión de sus emociones termina recordando menos información sobre su trabajo. Esto es debido a que consume parte de su energía en ocultar sus sentimientos (energía que en otras condiciones dedicaría a escuchar o procesar información sobre el trabajo).

 

3. Tratar de esconder las emociones no siempre funciona

Las organizaciones son lugares en los que tradicionalmente se ha seguido una política de represión de las emociones, ya que éstas no debían entorpecer el trabajo.

Un ejemplo claro son los puestos de trabajo de cara al público, en los que siempre ha de atenderse al cliente con una sonrisa. Sin embargo, diversos estudios han demostrado que, por mucho que se intente suprimir la expresión emocional, esto es imposible.

Simplemente, las emociones escapan y se expresan por otros métodos, como muecas, tics inconscientes o cambios de humor repentinos sin aparente causa. Es decir, no somos tan buenos actores como podemos pensar y los demás siempre terminarán viendo, o al menos intuyendo, nuestros problemas.

 

4. Las decisiones deben incorporar emociones para ser efectivas

Las comunicaciones más efectivas son las que generan empatía. Uno de nuestros grandes problemas con los ordenadores es que no comprendemos su lenguaje porque es lógico al 100% y no tiene ninguna emoción. Por eso las personas siempre preferimos la comunicación interpersonal. Son las emociones las que nos hacen humanos y, por tanto, deben ser tomadas como algo bueno.

 

5. Las emociones siguen patrones lógicos

Las emociones no son hechos anárquicos que suceden porque sí. Siempre hay algo que las activa y algo que las desactiva. Simplemente tenemos que conocer qué acción es ese “algo” y estaremos en condiciones de comprender y manejar mejor las emociones.

 

Y recuerda... Solamente existen emociones específicas, no universales

Un buen uso de las emociones sólo puede hacerse en un ámbito concreto. Cada persona, cada puesto de trabajo, cada empresa... es una situación propia y diferente del resto, y, por tanto, tiene sus propias reglas. Lo que activa una emoción en una persona puede no hacer lo propio en su compañero de trabajo.