La gestión de las emociones colectivas en el equipo

Las empresas están formadas por personas, y por lo tanto por emociones humanas. Gestionar estas emociones está dentro de las responsabilidades de aquellos profesionales que tienen personas a su cargo.

Esta lectura ofrece unas líneas generales para clasificar los diferentes tipos de emociones así como unas pautas para gestionar las emociones del equipo.

Por suerte para las empresas, hoy día se sabe que las personas no pueden ni deben desprenderse de su dimensión afectiva en el lugar de trabajo. Los directivos tienen encomendada la labor de hacer que su equipo sea eficiente y, para lograrlo, deben saber gestionar la dimensión emocional de los profesionales que componen su equipo.

En las empresas, la atención al entorno emocional ha sido tradicionalmente una asignatura pendiente en el mundo de las organizaciones profesionales, pero, afortunadamente, los expertos en gestión de personas son plenamente conscientes de que las emociones son las responsables del éxito profesional en un 80%, por lo que la formación en inteligencia emocional no se puede dejar en manos del azar.

Para poder llevar adelante las responsabilidades profesionales, un directivo debe saber que las emociones están presentes en todas las acciones que se llevan a cabo en el entorno laboral, como las reuniones de trabajo, la toma de decisiones o las entrevistas con las personas de su equipo y otros agentes del entorno, como, por ejemplo, los proveedores o los clientes.

Si se gestionan y canalizan las emociones de forma positiva y constructiva, éstas son una gran ayuda, poderosos recursos al alcance del directivo. No obstante, si las gestionamos de forma incorrecta, se convierten en obstáculos que generan en los profesionales y en su entorno graves y profundas alteraciones, como ansiedad, estrés o frustración.

Debido al papel que tú desempeñas como directivo dentro de tu organización, tienes una elevada capacidad de influencia sobre las personas que forman parte de tu equipo y, por tanto, debes asumir esta responsabilidad, ya que tú en muchas ocasiones eres el foco en el que se originan múltiples y variadas emociones en las personas que te rodean. Esta responsabilidad implica ser capaz de generar emociones positivas.

La clasificación de las emociones

Las emociones no actúan por sí mismas; son las personas las que generan y viven las emociones y las que se ven afectadas por ellas, por lo que es muy importante aprender a gestionarlas de manera positiva. Los expertos en psicología del trabajo clasifican las emociones en tres grupos:

  • Las emociones limpias: son aquéllas que en sí mismas son saludables y positivas, como la alegría, la ilusión, el entusiasmo, la esperanza, la curiosidad, la simpatía, la generosidad, la constancia, etc.
  • Las emociones contaminadas: son complejas y difíciles de gestionar y pueden enrarecer el entorno laboral con ingredientes conflictivos como, por ejemplo, la ansiedad, la envidia, el rencor, los celos, el miedo, el aburrimiento o la monotonía. Estas emociones contaminadas generan estrés, absentismo, frustración o conflictos de relaciones entre las personas.
  • Las emociones frágiles: son el resultado de una carencia emocional en las personas y se producen cuando los miembros del equipo de trabajo carecen de las mencionadas emociones positivas, sin necesidad de estar presente una emoción negativa en su lugar. La ausencia de generosidad, gratitud, confianza o tranquilidad es un ejemplo de este tipo de situaciones emocionales.

 

El directivo como gestor emocional

Como directivo, debes asumir la responsabilidad de favorecer las emociones limpias en tu equipo de trabajo. El estilo de dirección que emplees en la gestión de personas cada día es el responsable en gran medida de propiciar o dificultar el equilibrio emocional individual y colectivo.

Por tanto, es importante que estimules la presencia de confianza, ilusión y motivación.

También debes impulsar la curiosidad, la necesidad de progresar en creatividad e innovación. Para lograr todo esto es imprescindible mostrar gratitud por el logro y el esfuerzo, fortalecer la tolerancia ante la diversidad de opiniones y ante la presencia de contratiempos, y conseguir que todo esto suceda en un entorno en el que tengan espacio el buen humor y la alegría.

Además, es importante anticiparse para evitar las situaciones que generan ansiedad, ya sea por la falta de una planificación adecuada del trabajo, por establecer metas y objetivos inalcanzables o por no aportar los recursos adecuados. También debes encargarte de hacer desaparecer de tu equipo la frustración que causa a tus colaboradores la falta de reconocimiento de los logros o del esfuerzo, la desconfianza derivada de las promesas no cumplidas y la inseguridad que genera la falta de información. Por último, la gestión de conflictos debe ser una prioridad en tus tareas diarias: no puedes permitir que la falta de equilibrio en las relaciones interrumpa el progreso de tu equipo

 

Claves para gestionar las emociones del equipo

Para mejorar en la identificación y comprensión de las emociones, es de gran ayuda diseñar un sencillo plan de trabajo. Selecciona aquellas actividades que consideres que debes potenciar, estimular y fortalecer para evolucionar en tu inteligencia emocional aplicada a tu rol de directivo:

  • Ser consciente de las emociones que experimentas tú mismo antes de llegar a tu lugar de trabajo.
  • Cuando experimentes una emoción muy intensa, párate a reflexionar para averiguar cuáles han podido ser las posibles causas y qué consecuencias puede producir en esa emoción.
  • Cuando termines la jornada de trabajo, piensa en cómo te sientes.
  • o Presta atención a las personas de tu equipo para intentar percibir los cambios emocionales que se producen.
  • Igualmente, fíjate cada día en qué sucesos te hacen cambiar tu estado emocional.
  • Observa la forma en que te puede contagiar un estado emocional e intervén cuando creas que éste pueda ser perjudicial para el equipo.
  • Toma conciencia de cómo se manifiestan las emociones en los diferentes momentos de tu trabajo diario.

Estudia tu máster MBA en Dirección y Administración de Empresas o si lo prefieres apúntate a nuestro programa Executive MBA.