Josep Burgaya: “Si la economía no sirve para resolver los problemas de la gente, para qué sirve”

Doctor en Historia Contemporánea por la UAB,  Josep Burgaya es desde 1986 es profesor titular de la Universidad de Vic. Ahora ha escrito La economía del absurdo. Cuando comprar más barato contribuye a perder el empleo, un ensayo sobre la actualidad centrado en aquellos aspectos que explican las prácticas de un sector financiero que ha hinchado  una burbuja especulativa que ha estallado en la cara de todos. “El futuro pasa por romper con la economía del absurdo y devolver a los ciudadanos una economía basada en la justicia”, explica en el libro.

 

¿Qué es la economía del absurdo?

Es una imagen para explicar que la capacidad para generar más riqueza y producción suficiente va ligado a que cada vez exista más gente excluida y más gente sin trabajo. Es una paradoja pero cuando hacemos opciones de compra de productos baratos y ejercemos de consumidores compulsivos el precio que pagamos a medio plazo es muy alto.

 

¿Por qué?

Porque contribuimos a que la producción se desplace hacia lugares en los que los costes de producción son mucho más bajos, así como las exigencias de tipo social. La paradoja, entonces, es ésta. Es una trampa de pobreza. A medida que accedemos a productos más baratos se degradan nuestras condiciones y posibilidades laborales.

 

¿Estas son, lo queramos o no, las reglas de globalización?

Esto es así por una determinada manera de entender la globalización. Este concepto no tendría por qué ser negativo. Es la globalización de los capitales pero no de los derechos sociales. Esta globalización es una redistribución internacional de la producción donde cada vez más los costes son bajos y el precio a pagar es muy alto tanto en el lugar en el que se han desplazado los centros de producción como en los países industrializados, donde o nos flexibilizamos con sucesivas reformas laborales que nos hacen más asiáticos o estamos condenados a no tener trabajo y a ingresos tributarios para los Estados cada vez menores, con lo que se pone en riesgo el Estado del Bienestar.

 

Algunos podrían decirle que las situaciones en determinados países serían peores de no darse este fenómeno…

Es evidente. De todos modos, esto me suena al mismo argumento que usaban un siglo atrás algunos para defender la esclavitud. Decían que proporcionaba sostenibilidad. Ya sé que no es lo mismo y que para unos adolescentes de Bangladesh que viven en el campo y que son considerados una carga poder trabajar en estos centros de producción (16 horas diarias por 30 dólares) es una mejora pero no hay que olvidar que hemos construido nuestras sociedades sobre la dignidad de las personas. A nivel de ciudadanía condenar a alguien a una situación de semiesclavitud no es aceptable. Como tampoco es aceptable que en nuestras tiendas existan productos fabricados de una determinada manera.

 

¿De qué manera?

Que no hay trabajo infantil, que hay salarios dignos, seguridad laboral, que no hay efectos perversos sobre el medioambiente… A partir del triunfo de las ideas neoliberales se ha criminalizado la idea de protección, como si fuera una perversión, cuando se trata de proteger a los consumidores, a los ciudadanos. Nuestras garantías como ciudadanos se salvaguardan si sabemos que los productos que consumimos están fabricados en condiciones aceptables. Sino entramos en una carrera de mínimos tanto para Bangladesh como para nosotros. Hablo de economía del absurdo porque si la economía no garantiza el mayor bienestar posible para el mayor número de gente posible es que no funciona. Si la economía sirve para que el 1% de la población concentre el 50% de la renta a nivel mundial mientras que el 99% restante se va situando en situaciones de exclusión es que algo va mal. Si la economía no sirve para resolver problemas de la gente para qué sirve.

 

Entiendo…

Si esto debe servir para que la familia de Wal-Mart pueda construir más refugios antinucleares porque piensan que va a haber una conflagración mundial, algo va mal. Si el 20% de la población mundial es la que trabaja y la mitad cobra salarios por debajo del umbral de la pobreza, algo va mal. No tiene ninguna lógica. Esta economía desregulada implica cada vez más desigualdad y falta de futuro.

 

Pero ahora, ¿no es momento en el que más personas viven mejor de la Historia?

Es el momento en el que algunos viven como Dios y también en el que más gente vive peor. El problema económico que debía resolver la tecnología era la suficiencia productiva y ahora hemos llegado a una situación de producción suficiente pero 2.000 millones de personas viven por debajo del umbral de la pobreza. Mientras, 2.000 millones de personas más, los que consumimos, despilfarramos una gran parte de lo que compramos. Contaminamos el planeta y agotamos los recursos. El problema es de redistribución, de reparto y de una cultura de consumo más adecuada. El 70% de alimentos que entran a un domicilio van a la basura. Estamos al final de una etapa y se impone un cambio de rumbo.

 

¿Qué les recomienda a los alumnos de EAE?

Muchas veces cuando estamos perdidos debemos volver a las preguntas fundamentales, al sentido de la economía. Hay que plantearse la función social de la economía. La economía de mercado, que proporciona aspectos muy interesantes, debe tener unos límites. La desigualdad debe tener unos límites porque además de ser injusta colapsa el sistema.