Marc Vidal: “En España, con la crisis, la clase media ha dado paso a una microburguesía low cost”

Marc Vidal, emprendedor y analista económico

Para Marc Vidal (Vilalba Sasserra –Barcelona-, 1970), emprendedor vinculado a la “nueva economía”, consultor, analista financiero y blogger de referencia, no vivimos en una crisis stricto sensu. Más bien avanzamos hacia un “subversivo” escenario en que la tecnología ha pasado a ser el denominador común y transversal en el mundo del business. Y también se ha convertido en una fuente de oportunidades para quien sepa leer mejor este cambio de paradigma. Vidal acaba de publicar su último libro, Una hormiga en París (Alienta editorial), en que ofrece una versión novelada del viaje iniciático que con sólo 17 años le llevó a crear su primera empresa.

 

¿Qué le hace pensar que hoy ya no estamos en una crisis como tal?

Quizá hace unos años, sí que pasamos por ella. Pero en la actualidad nos encontramos en una época parecida a la Revolución Industrial de finales del siglo XVIII. Entonces, cuando una máquina nueva entraba en una fábrica, el patrón despedía a 300 personas. Para estos empleados, también había en una crisis. Después, la sociedad supo leer bien la situación, adaptarse e introducir cambios con los que fue posible que la gente trabajara menos horas y tuviera más tiempo libre. Vivimos un momento de cambio similar.

 

¿En España estamos preparados para asumir ese nuevo escenario?

Hay países que no se han dedicado a fomentar una economía especulativa, sino que han creado un modelo educativo avanzado, muy unido al conocimiento, del que han surgido experiencias como Silicon Valley. En el peor momento de la crisis, en Estados Unidos se fundaron 250.000 start-ups. Así que hay mercados mejor preparados que otros para asumir que por primera vez la tecnología está en todas partes, desde la distribución del trabajo a la logística, pasando por la transmisión del conocimiento. Por tanto, la revolución que vivimos va incluso más allá de ella, aunque todo parte de la tecnología.

 

Bill Gates se ha hecho con el 6% de FCC. La estadounidense Crown Holdings ha adquirido Mivisa por 1.200 millones de euros. ¿Hemos de entender tales noticias como signos de “brotes verdes”?

Hoy, España es una ganga y la inversión resulta muy puntual. Cuando el PIB aumentaba a un ritmo del 4% no se apostó por la innovación. Puede que en unos dos o tres años, volvamos a índices anuales de crecimiento del 2 o 3%, impulsados por el comercio exterior y la internacionalización. El problema es que en España, con la crisis, ha desaparecido la clase media, que ha dado paso a una especie de microburguesía low cost que sobrevive como puede. Como nuestro país ya no tiene opción de devaluar la moneda, se ha abaratado a nivel social.

 

¿En qué sentido este cambio tan importante influye al crear empresas?

Es determinante. Para mí, el concepto de bajo coste siempre está ya presente al fundar un negocio. Y en todos mis proyectos, la facturación en España nunca supera el 10%. Aparte, al emprender, hoy también resultan constantes prácticas como el long tail o la escalabilidad.

 

¿Qué consejo daría a quien desee penetrar en un mercado foráneo a través de un partner local?

Que no se deje enamorar por el primero que pase y le diga que él será capaz de vender sus productos. Ante todo hay que tener un profundo conocimiento del socio. En el caso contrario, es mejor descartar el proyecto. Además, siempre resultará necesario hacer una buena inversión. También puede ayudar que sea un partner ligado a los medios de comunicación, al sector tecnológico o administrativo, que actúe como reseller.

 

En París, y con 17 años, usted creó su primera empresa al introducir exitosos cambios innovadores en la manera de funcionar de un grupo de músicos callejeros orientales. ¿Hasta qué punto el factor cultural influye al emprender?

Los chinos cuentan con una enorme capacidad de trabajo. Mientras que los norteamericanos, por ejemplo, no sienten el miedo al fracaso que tenemos aquí. El problema de España es que durante mucho tiempo lo que estaba valorado era ser funcionario o empleado de banca. Tener un trabajo seguro. Mis preferencias, por ejemplo, son distintas. Cuando fundo un negocio y veo que empieza a ser demasiado grande, lo vendo. No me veo encerrado en un despacho. Me gusta mucho más el viaje que el final del trayecto.