Cómo innovar en la empresa

Una vez implantados algunos hábitos, es difícil acostumbrarse a lo nuevo. Piensa siempre que casi todo se puede mejorar. La rutina es buena y provechosa, pero a veces también puede ser un obstáculo porque es la responsable de que nos quedemos anclados en modelos de comportamiento y pensamientos obsoletos.

Un ejemplo clásico: llega altamente motivado de un seminario en el que ha recibido numerosas ideas e impulsos. Lleno de energía y positivismo quiere poner en práctica las nuevas ideas; sin embargo, a las dos semanas se da cuenta de que se encuentra de nuevo en su día a día rutinario a pesar de haber estado tan motivado...

 

ÁNIMO ANTE LOS CAMBIOS

Cambiar algo siempre implica una cierta superación. Sobre todo si las cosas van bien, la presión de sufrimiento y por lo tanto de acción es especialmente baja. La consecuencia es que nos quedamos atascados en nuestra “zona de confort”. El gran peligro de esto es volverse cada vez más cómodo.

Siempre llegará el momento en el que tenga que cambiar algo. Así pues, sé franco y flexible. Para ello es de gran ayuda responder por escrito las siguientes preguntas:

  • ¿Dónde me encuentro ahora?
  • ¿Qué quiero conservar, cambiar, mejorar y ganar?
  • ¿En qué sentido quiero desarrollarme como profesional?
  • ¿Dónde veo una necesidad de acción concreta?

Como medio de presión se puede preguntar:

  • ¿Qué desventajas sufriré si me sigo comportando como hasta ahora?
  • ¿Dónde estaré en uno, tres, cinco, diez años?
  • ¿Qué puedo cambiar ahora, es decir, inmediatamente?
  • ¿Qué ventajas o posibilidades tendría?

 

Posteriormente toma tu decisión: pon en práctica tus proyectos. Controla cada noche hasta qué punto has sido consecuente en la persecución de nuevas posibilidades y anota tus avances. Ello te aportará la motivación necesaria para seguir activo.

Si te sorprendes alguna vez estancándote de nuevo en tu “zona de confort”, piensa en el dicho: “lo único seguro es el cambio”.