Cómo ganar más confianza en uno mismo

La vida es para aprender y ampliar horizontes; y aprender es una de las tareas más emocionantes de la vida que, además, nos otorga talento. Tanto los lados buenos como los malos forman parte de ti: intenta aceptarlos todos. Y piensa que todo el mundo comete errores y tiene debilidades.

 

La confianza en uno mismo y la firmeza necesaria en el trato con los clientes y compañeros se puede entrenar. No todo es talento. Pregúntate si en tu vida hay o ha habido alguien que con sus comentarios y comportamientos haya menospreciado tu valor individual como persona. O si nadie te ha apreciado como tú lo hubieras deseado. Si es así esto todavía hoy en día te quita energía y te provoca inseguridad frente a personas con comportamientos similares. Intenta cerrar tu relación en paz con dicha persona perdonándole.

Análisis de tus puntos fuertes y débiles

Analiza quién eres realmente. Por ejemplo, determinando de forma realista cuáles son tus puntos fuertes y débiles. Para hacer de ello un juego dibuja en un papel un cuadrado y escribe en su centro “yo”. Alrededor anota de cuatro a siete cualidades positivas que te caracterizan. En las esquinas y aristas de cuatro a siete cualidades negativas que a ti no te gusten mucho de ti mismo. Tanto los lados buenos como los malos forman parte de ti: intenta aceptarlos todos. Y piensa que todo el mundo comete errores y tiene debilidades.

Cambiar valoraciones negativas

Si cambiamos nuestras valoraciones, cambiamos nosotros mismos y consecuentemente cambiamos nuestro mundo. ¿Qué puedes perder si lo intentas? Pues tal y como afirma el experto en personalidad, Samy Molcho: ¡No podremos sacar zumo de frambuesas de un limón agrio, pero sí una dulce limonada! Por lo tanto, anota a continuación todo lo que te reprocharías en tu vida:

 

- Yo debería: ...........................................................

- Nunca podré: ......................................................

- No puedo: ............................................................

- Siempre que: ................, entonces: ...............

- Yo soy tan: ............................................................

Pregúntate ahora qué pasaría si renuncias a todas estas tesis y te aceptas tal y como eres, en vez de presionarte continuamente con lo que no eres y te gustaría ser.

 

Aumenta tu autoestima

Realiza el siguiente juego mental: ¿cómo tratarías a una persona que respetas y aprecias? Probablemente le hablarías amablemente, darías importancia a su aspecto, pensarías bien sobre ella. Piensa en qué alegría le podrías ofrecer, con qué le podrías sorprender e imagínate sentirte orgulloso de tenerla como amiga. ¿Qué pasaría si la persona de este juego fueras tú? Pues la autoestima y la seguridad en uno mismo se traducen en primer lugar por la estima y el aprecio hacia uno mismo, mimándote, por ejemplo yendo a comer a tu restaurante preferido, levantándote más temprano por las mañanas para hacer deporte (aunque sólo sea correr durante 15 minutos), leer el periódico y desayunar con placer, elogiarte cuando hayas hecho algo bien, y sonreír.

Di “no” a valoraciones negativas

Si te das cuenta de que vuelves a encasillarte en tu esquema antiguo (“soy un fracasado”, “soy uno cualquiera del montón”), haz frente recordando algún éxito logrado, pensando en tus puntos fuertes y en lo que ya has conseguido y logrado en tu vida.

Estate abierto y dispuesto a aprender de otros

Esta actitud también te hará fuerte. Así te permitirás ver cómo otros se enfrentan a problemas y evitarás permanecer como un “sabelotodo” con una sola perspectiva al frente, al fin y al cabo la vida es para aprender y ampliar horizontes; y aprender es una de las tareas más emocionantes de la vida que, además, nos otorga talento.

Sé realista

Independientemente de lo que quieras cambiar en tu vida, sé realista. No tienes por qué, ni podrás cambiarlo todo de una vez, ni desterrar todas las costumbres malas hasta el punto de que no vuelvan a aparecer.

Proponte un objetivo alcanzable con plazos de tiempo posibles de cumplir. El ejemplo clásico es el de las personas que desean comenzar a hacer una dieta. El propósito: dentro del plazo más corto posible, adelgazar todo lo posible. Y tras 14 días de dieta la dejamos desanimados. No hemos cambiado y sólo hemos conseguido sentirnos más frustrados. Sin embargo si tu intención es firme, deberías seguir tu plan desde el principio consecuentemente.