Cómo fomentar la propia creatividad

Todos tenemos capacidad creadora. Incluso algunas personas, que no se distinguen por su creatividad, puede que se sorprendan al ver que son mucho más creativas que lo que suponían cuando esto queda demostrado por su conducta al llegar la oportunidad de manifestarlo. Hay muchas maneras de ponerse en situación uno mismo cuando se presentan tales oportunidades:

 

Cuando tengas un problema, no esperes hasta el último día para ponerte a pensar en él

Uno de los fenómenos más sorprendentes respecto a la generación de ideas es que podemos dejar a nuestro cerebro que funcione con el piloto automático. Si tú le proporcionas las nociones básicas y una variedad de estímulos apropiados, acabarán surgiendo ideas valiosas para el fin que persigas. Sin embargo, cuando nos enfrentamos a un problema, tenemos tendencia a dejarlo para el último minuto. «¡Yo trabajo mejor a presión!». Esta frase refleja una línea de conducta muy habitual. ¿Lo es también para ti? Encierra una gran verdad: la presión que supone la proximidad de la fecha límite crea una gran concentración mental. Pero, al obrar así, se le restan oportunidades al cerebro.

Si tienes que hacer algo en el plazo de dos semanas, y tienes por costumbre dejarlo para uno o dos días antes de que venza ese plazo, trata de empezar inmediatamente. No se trata de llevarlo a término enseguida, sino de tomar conocimiento de la información suficiente para captar las verdaderas dimensiones de la situación. Por lo tanto, repasa las instrucciones recibidas o el resumen de la cuestión. Lee artículos que te pongan en antecedentes. Ve grabaciones de vídeo que te puedan ayudar. Habla con algunas personas informadas. Y luego sigue con lo que estabas haciendo antes.

Tu cerebro continuará pensando en el asunto sin que tú lo adviertas, incluso mientras te ocupas de otras actividades. Los datos que has grabado en la mente se van cociendo a fuego lento en la olla del subconsciente, mezclándose con otras ideas anteriores. Lo único que tienes que hacer es remover de vez en cuando el conocimiento para que los ingredientes «no se peguen». Luego, cuando ya estés preparado, puedes meterte a fondo en el asunto, te beneficiarás de los resultados de ese trabajo «subterráneo» de la mente. Haz la prueba.

 

Consúltalo con la almohada

Es imposible detener la actividad del cerebro. A todas horas está dando vueltas a las cosas. Unas veces hace lo que tú quieres que haga. Otras veces hace lo que él quiere. Aprovéchate de esta versatilidad. Especialmente cuando te vas a dormir. Tú puedes acostarte con una variedad de problemas agitándose en tu mente, quedarte medio dormido y encontrarte a la mañana siguiente con una solución realista que te está esperando. Sé positivo y procura incluir este resultado cada noche. Al meterte en la cama y antes de apagar la luz, repasa mentalmente la situación con la máxima claridad posible. Habla contigo mismo. Exponte el problema que tienes planteado. Determina tu posición actual y la que quisieras ocupar. Especifica las barreras que has de superar. Dile entonces a tu cerebro: Ahí te dejo todo esto. En ocasiones, me resulta difícil dormir cuando he pasado el día trabajando duro en la resolución de un problema. Siempre que se sucede esto, encuentro útil empezar a conciliar el sueño escuchando una cinta de música relajante.

También puedes conseguir cintas de autohipnosis sobre temas como la creatividad; verás qué interesante. Ten siempre dispuesto tu bloc de notas y un bolígrafo, o tu dictáfono de bolsillo, para registrar cualquier pensamiento que te venga a la cabeza en el momento menos esperado. Si no lo recoges entonces, se te olvidará. «Yo tuve recientemente un sueño muy vivo donde veía, sin faltar nada, un programa de comunicaciones internas que andaba buscando. Anoté todo enseguida, mientras todavía lo recordaba con claridad, y terminé redactando un documento de 20 páginas. ¡Lo único que me queda por hacer es conseguir que lo aprueben!».

 

Adopta el punto de vista de la otra persona 

Aquí hay que emplear la conjunción condicional «si». Si tú fueses el cliente, ¿qué impresión sacaría de ti? Si fueses el periodista con quien vas a comer a un restaurante, ¿qué pensaría de ti? Si fueses el vendedor que va a venir a visitarte, ¿cómo reaccionarías ante el «rollo» que te va a meter? Si fueses el juez que se va a encargar del pleito que tú has entablado, ¿qué pensarías de tu argumentación? Si fueses una persona que está viendo o leyendo un anuncio publicitario de tu empresa, ¿qué pensarías?, ¿recibirías el mensaje?

Las personas recurren a sus percepciones particulares para apoyarse en todo lo que hacen. Traducen a su propio vocabulario cualquier cosa que les incumba o se refiera a ellos. Por lo tanto, si les hablas en tu lenguaje, ¿te entenderán? ¿Cuál es el lenguaje de ellos? Compara los contenidos y el estilo de un periódico sensacionalista con los de un diario de calidad. Elige un acontecimiento concreto y ve cómo lo exponen uno y otro. Piensa entonces en los lectores típicos de estos periódicos. ¿Cómo reaccionará un lector de un buen diario ante el tratamiento frívolo y novelesco de un suceso verdaderamente serio en la prensa amarilla? ¿Y en el caso inverso? Supón que estás tratando de que publiquen un reportaje acerca de un nuevo proyecto que acabas de emprender. ¿Cómo reaccionará ante tu propuesta el director de la revista que has elegido?

La respuesta es: «¿Qué saco yo de eso? ¿Qué interés tiene para mis lectores? ¿Por qué he de reservar parte del valioso espacio de mi revista a un artículo acerca de sus insignificantes actividades?» Para tener éxito, debes llevar al convencimiento del director lo ventajoso de que publique el reportaje. Tendrás que suscitar alguno de los diversos sentimientos —miedo, codicia, despecho, lástima, sentido del ridículo, etc.— que le pueden mover a ello.

Pregúntate: «¿Qué he de hacer para que esta persona reaccione positivamente ante tal o cual idea?». Identifica entonces lo que necesitas para conseguir esa reacción. Ponte en el lugar de él y examina la idea. Toma nota de las sensaciones que va experimentando y procede luego en consecuencia. 

 

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