Cómo afrontar los proyectos y los problemas que puedan generarse

Los equipos y profesionales se enfrentan, a la hora de tomar las decisiones oportunas para alcanzar los objetivos marcados por la dirección, con numerosas trabas que obligan a elegir entre diversas opciones que no siempre llevan por el camino correcto.

Ante estas situaciones, es imprescindible estudiar y reflexionar sobre las diversas opciones disponibles desde todas las perspectivas y puntos de vista con el fin de que la decisión final sea la más apropiada para nuestros intereses. Esto obliga a los profesionales a pensar de una forma global y a olvidarse de prejuicios e ideas preconcebidas.

Los “seis sombreros para pensar” de Edward De Bono (escritor y psicólogo reconocido mundialmente por acuñar el término pensamiento lateral) son una técnica simple y práctica que permite a los profesionales y a los equipos sacar el máximo provecho de su forma de pensar y de enfrentarse a los problemas que van apareciendo por el camino.

Según afirma De Bono, “en un porcentaje elevado de casos la frustración que brota al no haber alcanzado un determinado objetivo o meta se puede evitar. No obstante, frustrarse también es un pretexto muy valioso para analizar por qué no se ha alcanzado dicho objetivo, aprender de los errores y no volver a caer en situaciones similares en las que uno se marca expectativas inalcanzables”.

La técnica de los seis sombreros se fundamenta en que todos los profesionales tienen la capacidad de usar seis sombreros que reflejan las diferentes formas de pensar cuando hay que enfrentarse a un problema o llevar a cabo alguna actividad. A cada sombrero le corresponde un color y cada uno de estos seis colores refleja el contenido del pensamiento utilizado y el uso que se puede hacer de él. Ésta va a ser una herramienta muy adecuada, por ejemplo, en las reuniones con otros miembros del equipo, ya que permite acabar con las confrontaciones que suelen aparecer cuando los profesionales muestran sus distintos puntos de vista sobre un mismo problema.

El sombrero blanco

Este sombrero simboliza la información, la que se recibe para resolver un problema o desarrollar un proyecto. Se refiere a los hechos y cifras objetivas. Es importante que los profesionales se hagan estas preguntas cuando tienen puesto este sombrero: ¿qué información se necesita para resolver este problema?; ¿disponemos de toda la información necesaria?; ¿es rigurosa la información de la que se dispone?; ¿podemos tomar alguna decisión con la documentación con la que se cuenta?

El sombrero rojo

El sombrero rojo hace referencia a las emociones que provocan en los profesionales los proyectos asignados o los problemas que se encuentran en su desarrollo. Aglutina el contenido y las ventajas emocionales que aportan la solución de un problema o la elección de un proyecto concreto. Es importante darse cuenta no sólo de las emociones que se generan en uno mismo, sino también de las que se provocan en el resto del equipo. Hay que pensar en cómo van a reaccionar, desde el punto de vista emocional, el resto de personas. Las preguntas que los profesionales deben formularse cuando llevan puesto este sombrero son similares a las siguientes: ¿qué emociones se derivan de este problema o proyecto?; ¿qué precio emocional debe pagarse ante esta situación?; ¿merece la pena, desde el punto de vista emocional, resolver y afrontar esta situación?; ¿qué beneficios y perjuicios emocionales aporta la solución?

El sombrero negro

Éste es el sombrero de la crítica. Es el uso del pensamiento para reflexionar sobre los problemas, los fallos, los errores o las consecuencias que se pueden derivar del enfoque que se aplica a la situación planteada. Se trata de imaginar por qué una decisión podría no funcionar, de conocer cuáles son los puntos débiles de nuestras argumentaciones. Las preguntas que deben plantearse con este sombrero son: ¿cuáles son los puntos débiles que pueden estar impidiendo el éxito?; ¿cuáles son los obstáculos o dificultades que probablemente surjan a lo largo del camino?; ¿qué se piensa hacer ante los obstáculos previstos?; ¿de qué forma se benefician o salen perjudicados los clientes con esta decisión?

El sombrero amarillo

Es el sombrero que representa los valores, la importancia y el significado del problema o proyecto en cuestión. Con este sombrero, las preguntas que podrían realizarse los profesionales son: ¿qué valor e importancia tiene este problema o proyecto para la organización?; ¿se le ha concedido al problema la importancia que tiene?; ¿cómo afecta este problema a los valores y la cultura de la empresa?

El sombrero verde

El sombrero de la innovación, de la creatividad, de la iniciativa. Es la forma de pensamiento que nos da total libertad para plantear lo que se estima oportuno y que está libre de críticas. Las preguntas que convendría formularse en esta faceta son las siguientes: ¿de qué formas no contempladas hasta ahora se podría afrontar y desarrollar este problema?; si se pudieran realizar todas las posibilidades imaginables sin límite de recursos, ¿qué propuesta sería la más adecuada?; si se perdiera el miedo a cometer un error o a hacer el ridículo, ¿qué propuesta se presentaría?; ¿qué se puede hacer para ser auténticamente innovador en la forma de resolver esta situación?

El sombrero azul

Es el sombrero del control, que permite ver en cada circunstancia cómo utilizar cada uno de los cinco sombreros anteriormente descritos. Éste es el sombrero que se utiliza para liderar los equipos, las reuniones, etc. Las preguntas que surgen en este rol podrían ser parecidas a éstas: ¿con cuál de los sombreros se debería empezar a abordar cada proyecto y cómo se van a utilizar posteriormente el resto de facetas en cada situación?; ¿qué sombrero se debe utilizar con más frecuencia para potenciar las virtudes que con él se emplean?; ¿qué facetas de las descritas podrían evitarse y por qué?; ¿qué personas del equipo deberían intervenir en esta situación?

Conclusión

En definitiva, se puede afirmar que si los equipos y los profesionales son conscientes de las diferentes facetas que deben desarrollar en su función, el grado de éxito en la solución de problemas y desarrollo de los proyectos aumentará significativamente y, por tanto, disminuirá también sustancialmente su frustración.

 

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