¿Cómo adaptar la cultura oriental de la empresa a occidente?

Cuando pensamos en la globalización en el mundo de la empresa y de las adaptación de sus empleados en diferentes escenarios podemos concluir que en según qué ámbitos trabajar en Londres, Buenos Aires, Jerusalén o Barcelona es prácticamente lo mismo. O, mejor dicho, las diferencias son más bien pocas (porque diferencias, las hay).

 

Ahora bien, cuando miramos más allá y centramos el foco en Asia la cosa cambia radicalmente. Las compañías asiáticas trabajan bajo valores y costumbres de la cultura oriental muy arraigados, algo que, en ocasiones, puede llegar a sorprender a los empleados occidentales. Grandes empresas como Sony o Toyota no son ajenas a ello.

 

Y es que el confucianismo lo impregna todo, desde la vida familiar a la laboral. En el suplemento Dinero de La Vanguardia han hablado con expertos en Asia quienes señalan que las empresas allí tienen un marcado acento jerárquico. Por ejemplo, las órdenes de la central deben cumplirse a pies juntillas, algo que en compañías estadounidenses no sucede dado que se puede ser más flexible.

 

¿Cuáles son las diferencias entre las empresas asiáticas y las de occidente? La primera, según Dinero, empieza en el proceso de selección. Las compañías orientales prefieren candidatos poco agresivos, serios y discretos para ayudar a la organización, que tengan cero afán de protagonismo. Ergo, la excesiva ambición profesional no es bien vista (algo que en occidente, en según qué casos, es al contrario).

 

Otra diferencia entre Asia y Europa. La experiencia en las empresas asiáticas es un valor. La edad es sinónimo de veteranía y autoridad, algo que contrasta con occidente, donde las prejubilaciones están a la orden del día. Además, en las organizaciones orientales la antigüedad marca el camino a las promociones en la compañía.

 

Por último, otro dato que se debe conocer para lograr un mejor encaje entre empresas orientales y occidentales. Así como por ejemplo en España cuando sucede una desgracia se tiende a mirar desde la dirección hacia abajo, en Japón, por ejemplo, es al revés. Cuando algo va mal se mira hacia arriba (y muchos directivos tienen que dimitir).

 

 

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