Christian Felber: “La desconexión es el problema subyacente de los diversos problemas en la superficie”

A pesar de haber estudiado Filología Hispánica, Psicología, Sociología y Ciencias Políticas, Christian Felber, que nació en Salzburgo en 1972, ha acabado siendo conocido en todo el mundo por ser el iniciador del movimiento internacional de la Economía del Bien Común. De hecho, el libro “La economía del bien común” ha sido un gran éxito en buena parte del planeta y ha sido traducido a 9 idiomas. Además, su libro “Dinero. De fin a medio” ha recibido el Premio GetAbstract a mejor libro de negocios 2014. Hoy queremos hablar con él sobre el modelo económico que propone.

  • En primer lugar, ¿cómo es posible que un hombre de letras y amante de la danza se interesara por la economía?

Siempre me interesaba por el todo – quería estudiar ciencias universales, algo que las instituciones que llevan esta promesa en su nombre – las universidades – no suelen ofrecer. La ciencia económica surgió desde la filosofía. Adam Smith era filósofo moral. La filosofía es el “amor a la sabiduría“. La teoría y práctica económica carecen de sabiduría en este momento: bancos de inversión, paraísos fiscales, desigualdad peligrosa, destrucción medioambiental... Economía proviene del “oikos“, la casa: la casa pequeña que es el hogar con el cuidado de los niños y ancianos; y la grande que es el Planeta – ambas “casas” se ignoran parcialmente en el pensamiento económico corriente. Soy economista por antonomasia en su sentido literal y sus raíces históricas, por eso no me atraía la carrera actual.

  • ¿Nos podría definir con pocas palabras qué es la economía del bien común?

Es un modelo económico  alternativo tanto al capitalismo como al comunismo. La esencia consiste en invertir fin y medio: el bien común será el fin y el dinero y capital serán los medios. Como consecuencia, el éxito económico ya no se medirá con el PIB, el balance financiero y el rédito financiero (parámetros que miden los medios), sino con el Producto del Bien Común, el Balance del bien común y el Examen del bien común. Por fin, la iniciativa y creatividad económica puede enfocar el fin – y no los medios en primer lugar. Gracias a esta inversión, se promueven valores fundamentales en la economía: Cuánto más solidarias, cooperativas,  ecológicas y democráticas las empresas se comportan y organizan, mayor será su éxito.

  • ¿Cómo se mide el “bien común”?

En el caso del Producto del bien común, la idea es que los ciudadanos libres y soberanos se reúnan en los municipios, las mancomunidades o comarcas y compongan entre ellos el “índice del bien común municipal o regional” que se compondrá de los 20 ingredientes de calidad de vida más importantes en el juicio de los ciudadanos. En un proceso de síntesis, se compondrá el Producto del Bien Común que se diferencia del “Better Life Index” de la OCDE por su composición y legitimación democrática.

En el caso del Balance del bien común hemos realizado en un equipo de 20 redactores voluntarios una matriz que aplica los valores más importantes de las constituciones de países democráticos a todos los grupos de contacto de una empresa u organización. El resultado son 17 indicadores del bien común desde las condiciones laborales, el impacto medioambiental, la distribución de los ingresos y beneficios, la co-determinación y la distribución de la propiedad etc.

El Examen del bien común que evalúa los efectos de una inversión en los valores fundamentales es desarrollado por el proyecto “Banco para el bien común” en Austria. Las tres herramientas deben adoptarse de forma democrática – a diferencia del PIP, el balance financiero y el examen financiero que los bancos tienen por ley que aplicar a todas las solicitudes de crédito.

  • ¿La economía que usted propone es compatible con el sistema actual?

En el sentido de que trabaja con empresas, bancos, bolsas: sí. La diferencia es el objetivo que estos actores económicos persiguen y la forma cómo miden su éxito. El dinero sigue sirviéndonos, pero no como fin, sino consecuentemente como medio. La propiedad privada continúa igualmente, pero con límites y condiciones. El paisaje de las distintas formas de propiedad se enriquece: propiedad privada, pública, colectiva, bienes comunes, bienes públicos, y la no propiedad como por ejemplo en la naturaleza. La naturaleza igualmente seguirá formando parte del todo, con la diferencia de que se le conferirá el valor que realmente tiene y hasta un valor propio y los consiguientes derechos de protección.

Los efectos más importantes son que no serán las empresas más agresivas o grandes que tendrán éxito, sino las más éticas y que aspiren a su tamaño óptimo. El crecimiento del bien común que incluye la estabilidad ecológica en un reparto justo de los recursos, reemplaza el crecimiento ilimitado de valores monetarios. Y la “contrapetencia” del capitalismo se transforma en una cooperación sistémica en los mercados; una “competencia” literal: las empresas buscan conjuntamente soluciones mejores.

  • ¿Cuáles son los principales problemas a los que el ser humano se enfrenta en estos momentos?

Estamos separados de nosotros mismos, de nuestras necesidades básicas, de nuestras emociones auténticas, de los otros seres humanos y de la naturaleza. Por eso nos cuesta tanto ser considerados y cuidadosos con nuestro medio ambiente humano y ecológico. Por eso confundimos valor y precio. Por eso confundimos fin y medio en la economía. Por eso los bancos y las grandes empresas aspiran al beneficio financiero y no al bien común. Por eso los poderosos creen – engañándose a sí mismos – que si son poderosos, son felices en la vida. Confunden tanto sentido y poder como responsabilidad y poder – por estar separados de sí mismos y del todo. La desconexión es el problema subyacente de los diversos problemas en la superficie.

  • ¿Cree que es posible acabar con ellos?

Por supuesto, aunque no será nada fácil y muy complejo. El inicio reside en reconocer estas (des)conexiones. Un paso importante es la reorientación del sistema educativo hacia un ser humano integral, holístico, empático y ético. Otro elemento es cambiar las reglas de juego de la economía de forma que las virtudes sean recompensadas en vez de los vicios. Cuarto, hace falta convertir el dinero en “bien público”. Y finalmente, profundizando el actual modelo de la democracia hacia una democracia más participativa y directa: una democracia soberana.

  • ¿Cómo pueden las empresas o los ciudadanos adherirse a su modelo económico?

Pues simplemente poniéndose en contacto con la Asociación EBC en España. Existe una federal y cuatro regionales en Valencia, Islas Canarias, País Vasco y Cataluña. En todo el país, contamos con unos 30 grupos locales que atienden a las empresas y personas interesadas. En la página web ofrecemos los recursos de forma gratuita.

Bueno, “la economía” no existe. Hay infinitud de formas de pensar y practicar la economía. El quid de la cuestión siempre debe ser: cuál es el objetivo de la economía. Y cuáles son los valores que se deben respetar y promover en la acción concreta. Si nuestros valores son el respeto, la empatía, la sostenibilidad, la justicia, la democracia y el bien común, entonces las actividades económicas – tanto las de la mano pública como las privadas – han de servir estos objetivos y valores.

 

Créditos de la imagen: José Luis Roca