Alicia Banderas: “Los niños necesitan unos padres o cuidadores que les permitan explorar y desarrollar su innato espíritu creativo”

alicia banderas

Hoy tenemos el placer de hablar con Alicia Banderas Sierra, licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid, que trabaja en el ámbito de la psicología clínica, la sexología y la educación. Su actividad profesional se centra tanto en su consulta privada como en diversas instituciones públicas y ONGs. Además, ha colaborado en numerosos medios de comunicación e imparte conferencias, talleres y cursos de formación. Hoy hablamos con esta reconocida psicóloga sobre su nuevo libro, “Niños sobreestimulados”.

 

—¿Cree que la sobreestimulación de los niños puede llegar a ser tan perjudicial como la escasez de estimulación?

Ambas pueden ser perjudiciales. La sobreestimulación trata de exponer a los niños a estímulos de manera excesiva y/o precoz como, por ejemplo, a tareas demasiado complejas antes de que su cerebro esté preparado, lo cual produce deficiencias en su capacidad de aprender, como apuntan algunos investigadores.

Se tiende a apuntar a los niños y niñas permanentemente a actividades que muchas veces ni si quieran desean o han elegido.

La excesiva estimulación o la estimulación precoz a la que sometemos actualmente a los niños, exponiéndoles tanto a un sinfín de actividades excesivamente guiadas y planificadas como apuntándoles a clases extraescolares (ballet, deportes, estimulación musical, idiomas (inglés y chino), pintura, natación…), son solo algunas actividades que están dentro de las “agendas de ejecutivos” que ya poseen niños que ni si quiera han cumplido los 2 años de vida, sin apenas en mucho casos, disponer de un tiempo de juego libre para disfrutar y aprender jugando y solos.

Me preocupa el afán obsesivo de crear “superniños”, lo cual lleva a algunos padres a mantener a los niños permanentemente en actividades programadas, estructuradas pensando que si no es de esta manera, los niños pierden el tiempo o no es “productivo” para su desarrollo.

El conocimiento se origina desde dentro hacia fuera. Por más que les estimulemos precozmente o les bombardeemos a estímulos sin que los niños hayan desarrollado determinadas capacidades, nos lleva al bloqueo y a dificultar su aprendizaje.

La estimulación en exceso y/o precoz puede generar bloqueo, estrés, desmotivación y aniquila la  innata curiosidad de los niños.

—¿Qué es la hipereducación y cuáles son sus riesgos?

La hipereducación llega porque actualmente tenemos un acceso a los conocimientos y a nuevas investigaciones científicas sobre el cerebro y el desarrollo de los menores como nunca antes hemos tenido. El hecho de una sociedad frenética y autoexigente, que construimos nosotros y nuestro deseo de hacer “todo por nuestros hijos”, hace que  madres y padres estén “hiperpresentes” en la educación de sus hijos, en algunos casos hasta el punto de restarles autonomía y responsabilidad. Existen los llamados padres helicóptero que sobrevuelan permanentemente en la vida de sus hijos. Utilizan frases como”tenemos un examen” cuando el examen lo tiene su hijo, lo cual le resta responsabilidad; hacen las tareas de sus hijos para mejorar sus notas; o, si tienen un problema, acuden rápidamente a resolverlo sin dejarles que ellos mismos generen alternativas para enfrentarse  a la vida (los llamo padres ambulancia). Los riegos son las dificultades para enfrentarse a los retos y desafíos, a planificarse o a no desarrollar una  sana autoestima. El éxito o el fracaso ni siquiera son de los niños. No sienten esa maravillosa sensación de autorrealización por sus logros.

—¿Cuál es la clave de estimular sin dañar?

Los niños necesitan unos padres o cuidadores que les permitan explorar y desarrollar su innato espíritu creativo y respeten el ritmo del niño  sin quemar etapas. Necesitan juego libre donde desarrollar sus propias estrategias y no juegos excesivamente estructurados y planificados.

Es importante mirar a través de los ojos de un niño para conocer lo que le gusta o lo que se le da bien y estimular en esa línea, pero no sobreestimular.

La creatividad, tan ansiada en la actualidad, ocurre entre dos estados, el de aburrimiento y ansiedad y el niño es capaz de buscar el equilibrio entre ambos estados.

Estimular excesivamente de forma externa y precoz a los hijos menoscaba su innata curiosidad, su gusto por explorar y aniquila sus ganas de aprender. No sustituyamos su capacidad de descubrir por dárselo todo hecho. Como dije anteriormente el conocimiento se origina desde dentro. El bombardeo de estímulos constante no lo pueden procesar, su cerebro hace un gran esfuerzo por filtrar la información que les llega pero les puede saturar y bloquearse.

—¿Cómo es la generación .net?

Una de las capacidades cognitivas más características de los nativos digitales es ejecutar la multitarea. Los llamo los hombres y mujeres orquesta del  S. XXI. Podemos observar como muchos adolescentes están escuchando un podcast mientras estudian, tienen abierto su portátil, la televisión puesta de fondo y contestan mensajes que les llegan a su smartphone. Esto contribuye a su dificultad para planificar y secuenciar, a terminar una tarea y empezar otra y a la impotencia y frustración de no poder terminar nada. También están muy acostumbrados a la inmediatez y a las recompensas de manera inmediata. No saben esperar, les cuesta incluso esperar una descarga que dure más de 5 segundos a través  de la Red.

Otro ejemplo es que con el uso del GPS, los adolescentes actuales tienen dificultades para leer un mapa y por tanto para la capacidad de orientarse en el espacio.

Con el excesivo uso de los dispositivos electrónicos fomentamos su pasividad, sedentarismo, aislamiento y vagueza intelectual.

Pero tienen muchas cosas positivas, con una mirada de optimismo, considero que son muy curiosos y emprendedores, que saben conjugar el juego y el trabajo, se divierten con lo que hacen y poseen un gran afán de innovar. Aceptan la diversidad y son comprometidos valorando el derecho de expresión y la igualdad de derechos y la libertad. Son más expresivos y escépticos en cuanto a la información que les llega.

—¿Pueden los soportes digitales afectar negativamente a la atención del niño? ¿Cómo?

El uso excesivo de las pantallas puede contribuir a dificultades de concentración e inatención.

El uso abusivo de las tecnologías ha agravado el problema. Su exposición a las pantallas desde tan temprano a ciertos estímulos frenéticos y de gran impacto visual fomenta la inatención y dificultades de concentración, y terminan por perder el interés hacia cosas más naturales ya que van a un ritmo más lento. Por ejemplo, algunos niños que van a casa de sus abuelos llevan pegados su smartphone porque se aburren. Una conversación o hacer galletas ha dejado de ser algo emocionante para ellos.

Para seguir saciando el interés y que no se aburran (que realmente sería una experiencia positiva) se tiende a exponer más aún a estos estímulos nocivos de los dispositivos electrónicos en exposiciones prolongadas. Se ha incrementado la alergia a la paciencia, a la soledad y al aburrimiento, como me decía una madre.

Les mantiene en un esfuerzo constante por filtrar información, generan una velocidad perceptiva y de procesamiento de la información, pero también disminuye su capacidad de comprensión lectora como la capacidad de extraer la idea principal de un texto o incluso comprenderlo globalmente. Les cuesta profundizar en un texto, por lo que la abstracción y el razonamiento se ven mermados.

El hecho de hacer una lectura rápida urgente y poco profunda conlleva que tengan dificultades en grabar el contenido en su memoria. Les cuesta leer un texto de forma íntegra y en profundidad. En palabras de Spitzer, “surfeamos  a través de las palabras” como si quisiéramos quitárnoslas de encima.

El hecho de que los niños deslicen un dedo por una pantalla no genera el aprendizaje que obtienen a través de la manipulación de los objetos, sobretodo en la etapa infantil. Por eso, en mi libro hablo de los “niños heridos”.

—¿Qué desventajas tiene el uso de las redes sociales por parte de los niños y adolescentes?

Existe una parte positiva para ellos ya que les permite compartir fotos, videos, mensajes, saber de la vida del otro…Poseen una sensación de pertenencia al grupo y cohesión, ya que en esta etapa son vitales las relaciones sociales. Por eso se dice que no usan internet, sino que viven o  habitan en internet.

 Tienen grana accesibilidad y están permanentemente conectados. Así evitan la inseguridad, el miedo y ansiedad que les provocaría mostrarse y relacionarse como son y en relaciones cara a cara. Hoy en día hablamos de las “Reuniones silenciosas” en las que se juntan físicamente pero hablan más por los pulgares con su smartphone que por los codos con sus amigos como correspondería en esta etapa.

Favorece la hiperpresencia, el don de laubicuidad, en todo momento y en todas partes.

Existen unas  tendencias narcisistas de exhibir su imagen y cuanto más mejor.

Existe una fragilidad de la autoestima de sentirse valorado solo por” los likes, me gustas”, que hagan click a sus publicaciones, y prevalece la cantidad de amigos a la calidad. Muchos están conectados peros solos en habitaciones vacías. Eso sí, con millones de “amigos”.

Pueden crear una identidad frágil y desmembrada, como si de un baile de máscaras se tratara. Pueden elegir su identidad, mentir ,ocultar, ser loque no son… Cuando están construyendo su identidad es peligroso porque puede imposibilitarles saber quiénes son, confusión en su identidad e impide la construcción de una identidad  unificada.

A veces encuentran personas muy semejantes a ellos. En el bis a bis no tienen esa posibilidad y sí la tienen a través de la red.

Afloran algunas emociones como  la envidia, los celos por saber continuamente sobre el estado del otro. También se fomenta el odio, la falta de empatía que les lleva a realizar críticas auténticamente feroces y dañinas.

Existe en ocasiones una expresión del amor virtual: por Whatssap pero luego son  incapaces de mostrarlo en clase o en el recreo.

Desconectarse de la vida real para únicamente conectarse virtualmente, aísla, favorece la mentira, la construcción de una identidad ficticia, dificulta el autoconocimiento, y el autoengaño, la dependencia de lo que los demás opinan. Dificulta la construcción de sólidas relaciones sociales.

—¿Pueden llegar a ser positivas para ellos?

Bien utilizadas sí.

—¿Cómo podemos proteger a los niños de la tecnología?

El primer ejemplo lo tienen que realizar los padres. Existe una hiperpresencia de los dispositivos electrónicos en los hogares y un uso irresponsable por parte de los adultos. Es importante que los niños no los estén viendo permanentemente o que estén todos abiertos y a la vez.

Es importante que los padres dosifiquen su uso, y que cuando sus hijos les preguntan algo les miren a la cara para escucharles y no a una pantalla.

Cuando se realice una actividad de juego no tenerlos encendidos. Tampoco es necesario llevarlos permanentemente ni al colegio, ni a las actividades extraordinarias o a las reuniones familiares. Estos espacios deberían ser libres de tecnología en la adolescencia.

Hay que pactar y negociar los momentos en los que los niños pueden tener el acceso a un smartphone o tablet. Por ejemplo, pueden disponer de ellos si ya han cumplido con sus obligaciones y responsabilidades. Y no recomiendo su primer teléfono móvil antes de los 14 años.

 Es la fortaleza y reflexión de los padres los que les llevará a decir NO ante la presión social y la de sus amigos. De la misma manera que no les proporcionas un cigarrillo o una bebida alcohólica porque los demás ya hayan iniciado estas prácticas.

Es aconsejable reemplazar y/o convivir tanto con los videojuegos como con el deporte y juegos al aire libre y otros juguetes más tradicionales. No pretendo ser  ni cavernícola ni demente digital

—¿Podría darle algún consejo a aquellos padres que por motivos laborales deban pasar muchas horas fuera de casa?

Hace años los niños y niñas me decían que deseaban que sus padres estuvieran más tiempo en casa. Ahora son ellos los que piden permanecer más tiempo en sus hogares y disponer de tardes libres. Muchas veces, económicamente cuesta lo mismo apuntarse a una clase extraescolar  que tener una tarde a la semana a una persona que te cuide en casa y que te permita jugar libremente. O juntarse varios amigos y vecinos compartiendo una educador/ra o cuidador/ra.